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Taller de Cocina Tradicional Gaditana de 2006:

Ponencia de Julio de la Torre
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Durante
buena parte de la charla de hoy, les pediré que realicen un sencillo
esfuerzo de imaginación para poder situarnos en el origen, la
historia y las distintas connotaciones que tiene lo que denominamos
como "casquería" en nuestra cultura. Para comenzar trasladémonos al
cine Avenida de Cádiz, desaparecido hace ya algunos años, vemos en
riguroso estreno una película, en la que unos jóvenes deciden pasar
unos días visitando la casa abandonada de un tío suyo, bien avanzada
la noche aparece un personaje siniestro oculto tras una máscara,
lleva ropa de leñador y esgrime como arma una enorme sierra
mecánica, la lucha es desigual y los muchachos terminan en su
mayoría cortados en pequeños trocitos. Si la película pudiera
mostrarnos los olores en la escena del múltiple crimen, lo que
percibiríamos nos transportaría al Macdonal del balneario, más que a
la zona de carnicería del mercado de abastos con ese olor a hierro
oxidado característico de la sangre, podemos observar la causa de
ese (para algunos) familiar olor, procedente de la abundante
cantidad de ketchup mal disimulado que imita a la sangre, los trozos
de tubería de plástico y resto de tripas de cerdo, nos muestran con
claridad que nos encontramos presenciando "La matanza de Texas", uno
de los primeros films del exitoso género denominado de "casquería",
por la cantidad de sangre y vísceras que se muestran en pantalla.
Siento haber sido algo desagradable al inicio, pero como veremos a
medida que desarrollemos el tema que nos ocupa, tanto el instinto
animal, como las más bajas y altas pasiones del hombre, aparecen en
relación al consumo de órganos y vísceras animales.
La casquería se define como toda parte del animal que no es carne
propiamente dicha, es decir, cualquier zona de la res que no puede
ser fileteada. Se las suele denominar también según la zona
geográfica como despojos, mondongos o menudos.
Como ya comentamos en otras ocasiones, los primeros homínidos,
después de bajar de los árboles y erguirse sobre sus patas traseras,
deben su desarrollo intelectual a dos fenómenos fundamentales, el
primero es la necesidad de aumentar sus fuentes de alimento, una de
ellas es la carroña de animales cazados por los depredadores, así
aprovechan lo que estos dejan por saciedad o imposibilidad de comer,
el tuétano y los sesos fueron vitales en el desarrollo de nuestro
cerebro, ya que nos proporcionaron el fósforo que estos tejidos
contienen. También la capacidad de cocinar los alimentos mediante el
fuego, nos facilitó en el esquema evolutivo poder disminuir el
tamaño de nuestras mandíbulas en favor de una cavidad craneal más
grande.
Cuando el hombre desarrolla armas y se ve capaz de cazar, imita a
los depredadores en sus estrategias: acercándose despacio y oculto,
eligiendo la presa más débil, cazando en grupo y como no, comiendo
primero las partes más nutritivas y sabrosas alojadas en la cavidad
abdominal de los herbívoros. En el pasado siglo, intrigaba
enormemente a los investigadores que algunas tribus de esquimales,
que solo incluían carne de caza en sus dietas, no presentaran
ninguna de las deficiencias propias de no ingerir verdura o fruta,
el análisis de sus costumbres alimenticias les dio la respuesta,
entre las partes más apreciadas del animal se encontraban sus
vísceras, que consumían junto a sus contenidos vegetales a medio
digerir.
Historia de la casquería.-
Sobre la historia de la casquería en el mundo, podemos encontrar
escritos que nos hablan de cómo hace 4000 años, los egipcios
describían que el engorde ideal para el hígado de sus ocas debía
hacerse con higos, ya que estos aumentaban su tamaño y le daban un
sabor exquisito.
Los griegos primitivos tenían la costumbre de despedir a sus héroes
muertos con grandes banquetes. Homero cuenta en ‘La Iliada’ que se
comieron tripas asadas a la brasa en los funerales de Aquiles.
Los sibaritas romanos consideraban los productos de casquería como
delicadezas exquisitas, comían un delicioso foiegras (iecur ficatum),
además de rabos, mollejas, morros, tripas, riñones, testículos,
pulmones, ubres, estómagos y vulvas de cerda, entre otras chucherías.
El romano Marco Gavio Apicio describe en su libro "Re Coquinaria",
alguna laboriosa receta de callos.
Sabemos también que los bizantinos gustaban de estos alimentos,
deleitándose con menudencias y despojos, sobre todo las manos de
cerdo y cordero, las tripas, el hígado, que tenían por manjar
delicadísimo, los riñones y, herencia romana, las ubres de cerda.
Los Visigodos eran grandes amantes de la casquería. De origen
visigótico parecen ser algunas recetas de aprovechamiento de
determinadas partes menos nobles de los animales en la cocina, como
nuestro rabo de toro, el menudo, las manitas de cerdo y los riñones.
También los rabos parece que deleitaron a los Omeyas, como vemos en
el estofado descrito en el libro de uno de sus cocineros más famosos
Kitab al-Tahib.
Uno de los capítulos trascendentales de la historia de la casquería
en España, sucede en el año 1270 durante el reinado de Alfonso X el
Sabio, cuando provocando una auténtica revolución social, otorgó a
determinadas ciudades las "Cartas Pueblas", esto significaba el
permiso para establecer mercados sin el control de los señores
feudales, la nobleza local, la corona o la iglesia. Este privilegio,
establecía un sistema de gobierno democrático mediante el fuero de
Benavente y un aumento enorme de las economías de los ciudadanos, al
poder celebrar un mercado semanal donde vender los productos
elaborados en la región, esto significó el nacimiento de la
burguesía medieval y la independencia económica del pueblo.
En la Pola (palabra que significa Puebla), una de las citadas
ciudades, se estableció el mayor mercado de ganado del principado de
Asturias (hoy el mayor de ganado vivo de Europa), allí se vendían y
sacrificaban reses para las grandes ciudades cercanas, pero no todo
el despiece de los animales se podía vender, ya que las tripas,
riñones, hígados, cabeza, se corrompían antes de llegar al destino.
En una sociedad donde la mayor parte de su población tenía poco para
comer, no se desperdiciaba nada y así nació la tradición casqueril
de la Pola. Las manos de mujeres hábiles en el manejo de la carne,
limpiaban y troceaban las montañas de despojos que se producían en
el matadero, hasta convertirlas en sabrosas raciones de lengua
ahumada, riñones a la brasa, callos y mollejas rebozadas. La fama
que alcanzaron sus preparaciones, llevaba a los nobles a acudir
desde Oviedo a comerlas o a solicitarlas para ser consumida en los
grandes palacios de la ciudad.
Por último en este periplo histórico, señalar la importancia de la
cocina de la casquería en posteriores épocas de necesidad, donde los
poderosos cometían bestiales excesos y la mayoría del pueblo llano
se mantenía como podía, como cita Quevedo en el Buscón: "Comieron
una comida eterna, sin principio ni fin. Trajeron un caldo tan
claro, que podía verse con que ansia unos dedos macilentos, se
echaban a nado tras un garbanzo huérfano y solo". O este verso de
Miguel Moreno "Juan a comer convidó, a Pedro que fue en ayunas, y
poniéndole aceitunas, al principio lo admiró. Y dijo: En mi tierra
vi que éstas, siempre postre fueron, Juan respondió: Y no mintieron,
que también lo son aquí". Por último la descripción de la comida de
sábado que hace Quiñones de Benavente en el Entremés del Mayordomo:
"Los sábados que es día de cazuela, habrá brava bazofia mojatoria,
asadura de vaca en pepitoria, tal vez una panza con sus sesos y un
diluvio de palos y de huesos".
La casquería y la magia.-
Los pueblos siempre dieron un alto valor místico y espiritual a
determinadas vísceras, órganos y fluidos de los animales y los
hombres. Los astrólogos Persas predecían el futuro leyendo los
hígados de cordero y ternera. Determinadas tribus de África central
y Sudamérica, comían el hígado y el corazón de sus enemigos, en la
creencia de que su fuerza y valentía pasarían así al vencedor. En el
folklore de algunos países de Europa central, Drácula, un personaje
siniestro mezcla de murciélago y hombre, bebe la sangre de jóvenes
victimas, para alimentarse y prolongar su vida eternamente.
Religiones mayoritarias en el mundo como la cristiana, desde el año
33 de su cultura, en un elaborado ritual, convierten el vino en la
sangre de su Dios hominizado, para después beberla en conmemoración
y comunión mística. En algunos rituales de magia negra, se come el
corazón de la víctima del sacrificio y se usan velas fabricadas con
su grasa. Aún hoy, en la creencia que de "lo que se come se cría",
se consumen gran cantidad de criadillas de toro y de cerdo.
Otro claro ejemplo del empleo de despojos animales relacionados con
la magia, es la medicina tradicional China, que emplea cornamentas,
hígados, testículos, patas, piel, pelo, riñones y un largo etcétera,
de animales como el tigre, rinoceronte o leopardo, para curar
algunas enfermedades.
La casquería como placer.-
La mayoría de las veces, han sido las distintas culturas, las que
han colocado a determinados alimentos del lado de lo suculento o del
tabú. En determinados lugares nuestro exquisito menudo o las cabezas
de cordero al horno, se relegaría a comida de bestias, de personas
miserables o de "otros", de bárbaros, de extranjeros. La misma
reacción se puede aplicar a las prácticas sexuales y las distintas
variantes espacio/temporales. Al igual que de los despojos animales
hay cocineros que hacen verdaderas delicias, de la casquería sexual
hay personas que hacen verdaderas obras de arte, o no nos gusta
comernos los morros, chupar y morder la oreja u otras partes
corporales, sacarnos los jugos, juguetear con pies, pechos y manos.
Al igual que con el mal de las vacas locas, en relación a los rabos,
tuétanos y sesos o la gripe aviar, se pretende que nos limitemos al
filetito, en lo sexual se pretende limitar a hombres y mujeres a la
asepsia, a la práctica monótona, heterosexual y acotada, es decir
sin casquería. La salud, siempre que tengamos en cuenta algunos
consejos, es compatible con la variedad tanto en lo sexual como en
nuestra alimentación.
Hace unos días, leí un artículo en el que se describía como una peña
de colorados constructores comían cabezas asadas en un restaurante
de Peñafiel. Comentaba el autor: "Aquel espectáculo casi caníbal, de
ruidosos truhanes, brillantes de grasa desde los brazos hasta las
orejas, que devoraban los ojos de los lechazos con sonoros
sorbetones y rebañaban los sesos a lengüetazos entre trago y trago
de clarete de Cigalés, me cautivó tanto, que al día siguiente decidí
probarlo por mi mismo. Desde entonces, cada vez que consigo
encontrar un acólito que me secunde en el aquelarre, algún comedor
oscuro, algo tétrico, apartado de miradas inquisitoras y donde ni
siquiera el ojo de la conciencia pueda con las tinieblas, preparo
uno de estos festivales escatológicos, en donde mi parte animal
aflora, se manifiesta brutal, sanguinaria, despiadada y hasta
repulsiva. ¡Que asco me doy!. No me digan que alguna vez no han
disfrutado o les gustaría haberlo hecho de esta forma.
La casquería en la cocina.-
La casquería es un cajón de sastre donde se incluyen vísceras,
tripas, glándulas, cartílagos, órganos, extremidades y los paquetes
musculares menos apreciados por su tamaño o aspecto.
Entre los músculos, cartílagos y gelatinas mas apreciados
encontramos la lengua, que se consume entera salvo su telilla
exterior que se quita con el escaldado, las carrilleras músculo
masticatorio, sabroso y gelatinoso en los guisos, el rabo que se
gelatiniza al cocerlo lentamente. Manos de cerdo, vaca o cordero,
que dependiendo del tamaño necesitan de una larga cocción o
simplemente asadas están exquisitas. Los morros que se consumen de
vaca o cerdo. Las orejas que se empanan y fríen o se planchean en
adobo y son una golosina que se pone como tapa. Las crestas de
gallo, descubiertas hoy como delicias por la cocina de vanguardia.
La médula, que en Francia la llaman amourettes (amorcitos) y en el
cercano Jerez de la Frontera se comían en tortilla. Los tuetanos,
que en España solo comemos si nos toca en el hueso del cocido o
puchero, pero en otros países integran elaboradas recetas. Es
curioso ver como hoy no se consumen algunas piezas de este grupo que
se reservaban antiguamente a los señores, como las ubres de vaca
recién parida, que curiosamente aparecen en el libro Alfredo
Juderías "Cocina de pueblo", como integrantes del puchero gaditano
de principios del siglo XX.
Otro de los grupos serían los órganos y vísceras, estos son más
delicados y no solo debemos de tener cuidado en su elaboración,
también en su previa selección. Por ejemplo, los riñones e hígados
al ser responsables de la eliminación y metabolización de los
desechos del organismo, pueden acumular toxinas, por lo que debe
garantizarse la buena alimentación del animal y estar bien limpios.
Los mas apreciados son: el corazón, que se suele cocinar junto a
otros menudillos formando parte de la llamada en las matanzas
asadura negra. Los riñones, bien limpios y elaborados están
exquisitos, se comen de cordero, ternero, cerdo y conejo. El hígado,
del que existe un extensísimo recetario, desde el famoso foie de
pato u oca, patés, hasta encebollados de cerdo, ternera, pollo o
conejo (las famosas cachuelas), también adobados o en colorao como
se comen en Cádiz . Las mollejas son glándulas de crecimiento que se
atrofian en los animales adultos, por lo que suelen ser escasas y
caras. Los sesos, antes tan cotizados en los mercados, hoy se tiran
a la basura o son comidas para perros, lástima porque rebozados o
integrando la famosa tortilla de Sacromonte están buenísimos. Las
Asadurillas son revoltillos de despojos troceados que dependiendo
del lugar se cocinan de determinada forma, son de un animal concreto
o incluyen solo algunas partes de estos, las mas habituales son el
bazo, páncreas y los pulmones. Las criadillas son los testículos de
los toros, por lo que algunas mujeres ni los tocan y algunos hombres
les llega el acido úrico a las nubes por su consumo desmesurado,
pensando erróneamente en el aumento de potencia hasta nivel Ferrari,
cuando seguramente se quedaran si no lo remedian de otra forma, en
dos caballos.
Las tripas conformarían el último de nuestros grupos. Los intestinos
se suelen utilizar principalmente para embutir morcillas o chorizos.
Para morcones, choscos o botillos se usan recipientes mayores como
estómagos y vejigas. Pero uno de los consumos mas generalizados de
las tripas en España son los callos, que son partes de los estómagos
de los vacunos cocinadas en salsa más o menos picantes, ni que decir
tiene que el secreto está en la limpieza del género, aunque hoy día
pueden adquirirse ya limpias. También se consumen las tripas de
vacuno a la plancha y las de cordero enrolladas en un sarmiento,
cocidas y posteriormente a la plancha o fritas (reciben el nombre de
zarajos, madejas o conejillas).
Punto aparte merece la mención a los guisos de sangre, se consumen
sobre todo la de cerdo, cordero y pavo, resultando encebolladas o en
tomate, dignos capítulos de nuestro recetario tradicional.
La casquería en España y en el mundo.-
España y Francia se disputan desde hace tiempo la condición de
mejores tripacalleros y casqueros del mundo, los gabachos han puesto
de moda las "tripes a la mode de Caen" y los españoles los callos y
menudos. Los italianos del Piamonte preparan una receta sublime de
tripas con cebollas y puerros, mientras que los portugueses las
prefieren con Oporto. Pero no solo nosotros tenemos costumbre de
comer casquería, los argentinos tienen como buque insignia sus
chinchulines (tripas de vaca a la brasa acompañadas de salsa
chimichurri y crema agria). Las terrinas, ensaladas, embutidos y
guisos, con la previa cocción de las tripas en caldos de verduras
son platos famosos en centroeuropa. El rabo estofado de buey es
plato degustado por los ingleses y estofado también pero muy picante
por los mexicanos. Para los turcos, por ejemplo, el hígado de cerdo
es un plato tradicional, los polacos adoran los callos y los
latinoamericanos, el corazón y el hígado. Hasta en Japón reservan
las tripas y el hígado para preparar aperitivos yakitori.
En España durante el año 2003 y según la Asociación Nacional de
Empresarios de la Casquería y Productos de la Carne (ANECÁS), se
consumieron 59 millones de kilos de productos de casquería. Esto se
ha visto reflejado en varios sectores: existen más de 15.000 puntos
de venta de casquería que generan casi 30.000 empleos, y en total se
producen más de 400.000 toneladas anuales de estos alimentos.
Durante los meses más duros de la crisis de las vacas locas, el
miedo a las infecciones produjo una reducción de las ventas de hasta
un 95%, pero en la actualidad, el negocio está completamente
recuperado. Parece que la inmigración producida en nuestro país
durante los últimos años, ha tenido bastante que ver, ya que como
hemos visto no somos los únicos amantes de esta cocina. Según una
reciente encuesta de la dirección general de cultura y alimentación
del Ministerio de Agricultura, los callos son los productos más
cotizados del mercado, los prefieren más del 64% de los compradores.
Hasta siete de cada 10 personas que probaron algún plato de
casquería durante ese año, eligieron éstos como productos estrella.
Pero que sean la especialidad más consumida en España no es ninguna
sorpresa si tenemos en cuenta que, en sus distintas variedades, son
el símbolo de la gastronomía local en gran parte de España.
Después de los callos, los hígados (52%) son los más solicitados.
Por comunidades, Cataluña es la que más casquería consume (el 26%
del consumo total), seguida del País Vasco (17%) y Madrid (13%). En
esta encuesta se señala también que más de la mitad de los españoles
toma al menos una vez al mes esta clase de alimentos. El 27% lo hace
una vez a la semana y el 20%, una vez al año.
No podemos dejar de mencionar por su interés en nuestra zona, la
casquería del pescado, las tripas de bacalao, de corvina o de mero
(preparadas magistralmente de este último, como callos por casa
Torres en Barbate) son algunos ejemplos, también los cachetes de
pescado, las cabezas e higadillas de merluza o pescadilla fritas,
las carísimas kocoxas y el hígado de bacalao o de rape, pero por
encima colocaría yo la cocina de los despojos del rey de los túnidos,
el atún rojo de almadraba. Como saben, este coloso tiene un despiece
como el de una vaca denominado ronqueo, del que no se desperdicia
nada, todo se come e invariablemente resulta exquisito, en nuestros
20 años como Grupo Gastronómico Gaditano, creo que hemos probado
todas y cada una de sus partes con deleite.
Recetas tradicionales de casquería.-
Dicen que la verdadera receta de rabo de toro, el que conocemos hoy
día, nació a principios del siglo XIX. Por aquel entonces, cuando
terminaba la corrida en la plaza de la Corredera en Córdoba, las
chindas o tripalleras, vendían los menudos y especialmente los rabos
de toro, en tablas pintadas de verde para separarlos de otras
casquerías y del resto del magro. Ellas fueron las artífices del
estofado de rabo. Estas mujeres eran hijas, hermanas, madres o
viudas de toreros, incluso algún torero presumía de meterse en
fogones y hacer los mejores estofados. La hermana de Antonio Dios
Conejito, parece que guisaba los rabos como nadie, su receta nos ha
llegado de esta forma: "Colocado el puchero sobre el anafre y al
fuego del picón de Trasierra, hecho de lentisco, jaguarzos, retamas,
jaras coscojas y madroñeras, echaba en la panza del puchero los
rabos limpios y troceados, una cebolla, unos ajos, unas zanahorias,
todo en crudo, de condimentos pimienta, azafrán en hebra, un
chorreón de aceite y un medio u dos de Montilla y todo ello a
lentitud de cariño y fuego, que se tiene que estofar".
Las mollejas han sido un plato vinculado al verano, probablemente
porque la mejor época para sacrificar a los corderos jóvenes, sea el
final de la primavera o porque una de las más suculentas vísceras se
presta a una preparación sencilla, alejada de cualquier salsa, que
permita el fácil picoteo. Como hemos comentado es una glándula que
se atrofia tras el crecimiento del animal, es tierna, de rico sabor
y rica en hierro y purinas (como casi toda la casquería, así que
cuidado con el úrico). En España las más apreciadas son las de
cordero, les siguen las de ternera y se han puesto de moda
últimamente las de pato. Recordar que se denomina mollejas en las
aves, al órgano que con la ayuda de unas piedrecitas, que ingiere el
animal, tritura el grano que come, por lo tanto no tiene nada que
ver en textura y sabor al anteriormente citado. La receta más
tradicional de mollejas que se conoce, es la que saltea en una
sartén las mollejas limpias y troceadas, con unos ajos machacados,
perejil, aceite de oliva, un poco de vinagre y sal. (*)
En Cádiz, como ocurre en el resto de España, suele elaborarse en las
casas poca casquería, no es que no nos guste, pero su laboriosa
preparación la ha ido alejando de los fogones familiares. Es común
ver como las amas o amos de casa, compran en los grandes almacenes
los bloques de callos precocinados, para después en casa agregarles
los garbanzos. Prácticamente lo mismo ocurre con las manitas, aunque
si usamos huesos, espinazos, morcillos tendinosos y costillas
saladas para nuestros pucheros. Pero esto ya era así hace muchos
años, gran cantidad de tabernas, ventas y casquerías, se
especializaron en cocinar este tipo de viandas para llevarlas
preparadas a casa, precisamente por su difícil elaboración, por sus
tiempos de cocción y sobre todo por su complicada conservación.
Hace mucho tiempo que no como lengua de vaca en salsa, cuando en la
década de los setenta era un plato muy común en las casas gaditanas,
haciendo una revisión rápida de varios libros de cocina gaditana que
tengo en casa, han aparecido mas de nueve recetas de lengua de
puerco o de vaca, unas con vinagre, manteca de cerdo, ajo, laurel
clavo y cebolla, otras estofadas como el rabo de toro o con
zanahorias y caldo del puchero.
Viajando en moto por la provincia, pudimos descubrir en los
Albadalejos, zona muy cercana a Benalup, una curiosa venta regentada
por una no menos curiosa mujer, la Menua", que al grito de "niña ya
están aquí los de las motos", nos recibía en la puerta con una
fuente tamaño plaza de toros, llena de cachuelas de conejo. Al que
no los ha probado puedo decirles que estos hígados a la plancha, del
tamaño de una hamburguesa, son un bocado exquisito, pues bien, hace
poco los comí con tomate, en salsa, con arroz y todavía están mejor.
En fin, preguntando recetas para experimentar en casa a nuestros
padres o abuelos, y visitando la infinidad de ventas de la
provincia, podemos degustar todavía las delicias de nuestra
casquería, recordar el arroz con los menudillos del pavo recién
matado que hacían nuestras abuelas el día antes de nochebuena. Las
criadillas y sesos rebozados que recomendaba el médico a mi hermana,
que decían estaba desnutrida, a ella le repugnaban y terminaban
invariablemente en mi plato, si la vieran hoy. La cita semanal
obligada con el hígado, que debía ser yo el único niño al que le
gustaba, a la plancha, en colorao, encebollado o en salsa con vino
blanco. La sangre encebollada o en tomate, acompañada como dice
nuestro presidente con muchas, muchas papas fritas.
El refinamiento de lo popular.-
El renacimiento de la casquería como integrante de la carta de los
restaurantes de postín, porque ya tuvimos algunos ejemplos en los
mejores restaurantes y cafés del Madrid de la posguerra como los
callos de Jockey y los riñones en brocheta del Suizo o el Fornos, se
produce hace bien poco y paralelamente al surgimiento de la nueva
cocina a un lado y otro de los pirineos. Si Joel Robuchón llevaba al
estrellato su teté de cochón mijoté, Fermín Arrambide sorprendía con
su espectacular ensalada de cabeza de cordero. Poco a poco, algunos
de los más grandes restaurantes del momento, como Zalacaín, Amparo,
Arzak, Berasategui o Principe de Viana, incorporaban a sus cartas:
manitas de cerdo con trufa, sándwich de sangre de cordero, foie
grass y pisto, calabacín relleno de callos y morros, morros de
ternera y tripas de bacalao a la vizcaina, o mollejas de ternera
braseada con cuscus.
Pero quien ha llegado a las mas altas cotas de imaginación y
creatividad en el manejo de la casquería, ha sido sin duda Ferrá
Adriá, su lomo de conejo con caracoles y manitas de cerdo, los
tallarines con oreja de cerdo crujiente y tempura de pistachos,
carpaccio de sesos al caviar, frío/caliente de mollejas y cigalitas,
han hecho que definitivamente la casquería entre en la modernidad
ganando la batalla de la elegancia, de la obra de arte.
Julio de la Torre Fernández-Trujillo. Julio 2006
GRUPO GASTRTONÓMICO GADITANO
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