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LAS CONSERVAS, EL QUESO DE LA PERAL Y EL CAVA.
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El
hombre una vez saciadas sus necesidades inmediatas alimenticias
trató de conservar los alimentos recolectados, cazados o pescados.
Los hombres de las cavernas ya conocían el salazón, el ahumado o el
uso del hielo para la conservación e impedir la degradación de los
alimentos. Los egipcios fueron los primeros exportadores de pescado
ahumado.
Cuando los marinos españoles cruzaron el océano para descubrir las
Américas su alimentación se basaba en frutos secos, semillas y
salazones, a los que siempre les acompañaba una misteriosa
enfermedad, debido a la falta de vitaminas, el escorbuto.
También se sabía que las frutas y algunos vegetales podían ser
conservados en azúcar y que algunas legumbres y frutos toleraban el
vinagre. Pero estos procedimientos daban pocas garantías y
conservaban los alimentos poco tiempo en perfecto estado.
Fue a finales del siglo XVIII, cuando empezó el cambio importante en
la conservación de los alimentos.
Todo empezó con una frase que se le atribuye a Napoleón, después de
que conquistara prácticamente toda Europa y su ejercito pasara una
terrible hambruna durante la campaña de Rusia. Dijo que “las guerras
las ganarían los ejércitos mejor alimentados”. Entonces ofreció una
gran recompensa a quién le presentara un método para mantener los
alimentos durante mucho tiempo y en buen estado.
Nicolás Appert, un modesto investigador francés tras años de
investigación descubrió que se podían conservar alimentos por calor
en recipientes herméticamente cerrados. Acababa de descubrir los
alimentos en conserva; por ello Napoleón le recompensó con 12.000
francos y le concedió el título de “Benefactor de la Humanidad”.
Appert descubrió que el aceite era especialmente útil para mantener
el pescado. De sus investigaciones nacería el proceso industrial de
la “Aperttización”.
En un principio se utilizaban recipientes de vidrio para conservar
los alimentos.
Pero fue el inglés Peter Durand quien empezó a utilizar envases de
hojalata que darían a las conservas mayor resistencia y sobre todo
las preservaban del efecto de la luz que deterioraba el contenido en
vitaminas.
A España las conservas llegaron después de un naufragio en el año
1840 de un velero francés en las costas de Finesterre. En Galicia ya
había tradición de conservar los alimentos mediante el salazón o los
ahumados; y al cabo de un año se creó la primera fábrica de
conservas y ocho años más tarde se puso en la Rioja la primera
fábrica de conservas vegetales.
En principio los alimentos para meterlos en conserva se freían pero
en el año 1900, se sustituyó por la cocción al vapor que se hizo
popular en todo el mundo y se denominó “sistema de cocción español”,
con lo cual se abarataba el proceso de conservación de los
alimentos.
Hay que destacar que España es uno de los primeros productores
mundiales de conservas y nuestros productos gozan de un gran
reconocimiento internacional.
Al hablar de conservas tenemos que saber, que representan, que
características tienen y que ventajas nos ofrecen.Una conserva es un
producto alimentario fresco que ha sido esterilizado, a veces
cocinado, y colocado en un envase igualmente esterilizado, cerrado
de modo duradero y perfectamente hermético.
Es una forma de conservar los alimentos completamente seguro, sano,
estéril, con todas las propiedades nutritivas, que no necesita
refrigeración o congelación para su almacenamiento, lo cual supone
un ahorro de energía.
Tiene una duración óptima que se prolonga durante años. No tiene
riesgos de una interrupción imprevista de la cadena de frío que
deteriore las cualidades nutritivas del producto.
Se adapta a las raciones que se deseen y está envasado en lata de
acero que es totalmente reciclable.
En todas las latas aparecen las fechas en las que el producto ha
sido recolectado y preparado para su conservación. En el proceso de
conservación se elimina todo tipo de gérmenes nocivos.
Es lo más parecido que existe al riesgo cero alimentario y mantienen
intactas todas las cualidades nutricionales de los alimentos porque
los productos se recogen y preparan sin demora tras ser cosechados o
capturados, aprovechando su mejor momento y debo destacar, pese a lo
que muchos creen, que no llevan conservantes ya que el procedimiento
natural de la esterilización basta para mantener intacto el producto
hasta su consumo.
En las conservas enlatadas tenemos soluciones culinarias a precios
muy razonables, sin fluctuaciones estacionales y donde encontraremos
verdaderos tesoros gastronómicos.
Muchas personas se preguntan si podemos llevar una alimentación
equilibrada comiendo alimentos en conserva.
Debemos tener en cuenta que una alimentación equilibrada es aquella
que es sabrosa, variada y saludable y que se basa en alimentos
consumidos tradicionalmente y que ocupa un espacio donde la cultura,
la cocina y la salud van de la mano.
De éste modo la dieta equilibrada es la que contiene alimentos
variados en cantidades adaptadas a nuestros requerimientos y
condiciones personales.
Está claro que el valor nutritivo de nuestra alimentación depende
del conjunto de nuestra dieta, no se puede hacer recaer su valor
nutritivo sobre un alimento; por ello es perfectamente adecuado
llevar una alimentación saludable, variada y equilibrada
incorporando conservas enlatadas a nuestra dieta cotidiana. Lo
verdaderamente importante es que debemos recordar que tenemos que
ingerir alimentos de todos los grupos, vegetales y animales, o sea
cereales, legumbres, hortalizas, carnes, pescados, patatas, aceite
de oliva, frutas y lácteos en las cantidades necesarias para nuestro
estado físico y nuestro estilo de vida.
El proceso industrial de producción de alimentos enlatados comienza
prácticamente “a pie de campo”, por lo que se utilizan alimentos
frescos recién recolectados y por consiguiente con las máximas
concentraciones de nutrientes, especialmente aquellas que son más
sensibles a las condiciones ambientales, las vitaminas.
Así, ciertas vitaminas pueden reducir su presencia en algunos
alimentos hasta un 50 % a la semana de haber sido obtenidos, incluso
permaneciendo en refrigeración.
Los alimentos en conserva debido a la esterilización y posterior
enlatado también conllevan una pequeña reducción del contenido en
vitaminas, pero a partir de ese momento, su concentración permanece
estable en el producto enlatado durante toda su vida útil.
Además hay que tener en cuenta que muchos de los alimentos en
conserva ya han sido cocinados y por lo tanto, no experimentan
apenas pérdidas tras el recalentamiento adecuado para su consumo.
Cuando decimos que las conservas de pescados y mariscos son sanos
por Naturaleza es porque todo ello está demostrado, ya que
constituyen una gran fuente de proteínas por su contenido en
aminoácidos esenciales, como lo demostraron los doctores Dinn de la
Universidad de California y Neilands de la Universidad de Wisconsin,
donde valoraron 9 aminoácidos esenciales, es decir, aminoácidos que
no son sintetizados por el organismo y que están contenidos en las
proteínas de las diferentes conservas de pescados y mariscos. Los
mismos doctores han comprobado que los aminoácidos esenciales no
experimentan modificaciones por el proceso de enlatado y
conservación, lo cual es una prueba más de la estabilidad de las
conservas.
El contenido de lípidos o grasas de las conservas de pescado es muy
variable, ya que en ello influyen no sólo los contenidos de forma
natural en las diferentes especies envasadas, sino también el aceite
que se añade en el momento de la fabricación, si la preparación es
en aceite. Los estudios llevados a cabo por el Dr. Gregorio Varela
sobre el comportamiento de los aceites grasos en conservas de
sardina, han demostrado que cuando éstas se mantienen en aceite de
oliva, existe un intercambio entre éstas y el aceite utilizado en la
conservación, así, se ha encontrado que existe una significativa
disminución de los ácidos grasos saturados o sea los perjudiciales
para nuestras arterias, en las sardinas enlatadas en dicho aceite,
lo que no sucede cuando se fríen en cocinado doméstico normal.
Por otra parte cabría preguntarse, ¿qué ocurre con los ácidos grasos
insaturados que reaccionan con la radiación lumínica dando lugar a
la formación de radicales libres? Para evitar éste proceso se
recurre a la lata de acero con atmósfera inerte. Pero, ¿ por qué
acero? Porque cada envase es una caja fuerte de muy alta tecnología
que nos ofrece lo mejor de cada alimento que protege nuestra salud y
que contribuye como ningún otro material de envasado a la
preservación del medioambiente.
De las conservas que aquí se nos presentan, lomos de ventresca de
bonito en aceite de oliva, caviar de oricios y guiso marinero,
quiero destacar que desde el punto de vista nutricional estamos ante
unos de los mejores alimentos del Norte.
La familia de los tunidos es numerosa pero no todas las especies
gozan del mismo prestigio gastronómico. Las más cotizadas son el
atún rojo, que es el protagonista de la cocina japonesa y el atún
blanco o bonito del Norte que forma parte de la excelencia culinaria
cantábrica.
La buena alimentación se define como el consumo de una variedad de
productos que aporten las cantidades de nutrientes necesarias para
mantenernos sanos.
El bonito y por excelencia la ventresca de bonito, es uno de los
alimentos más completos por ser una excelente fuente de proteínas de
gran valor biológico, de vitaminas y de minerales, con la ventaja de
que es un pescado bajo en grasas saturadas y con una alta
concentración de omega 3, que son esenciales para nuestro organismo,
porque reducen los niveles de colesterol total, impiden la formación
de trombos y disminuyen la viscosidad sanguínea; y a su vez tiene
cantidades importantes de vitaminas A, grupo B y D, entre los
minerales destacan el fósforo, el magnesio y el yodo.
Del caviar de oricios me gustaría resaltar una frase del escritor
Julio Camba que decía: “ No hay marisco que sintetice el mar de un
modo tan perfecto como el oricio”.
Pertenece al grupo de animales marinos conocidos como
“Equinodermos”, las primeras especies aparecieron hace mas de 200
millones de años y su consumo humano como producto alimenticio data
del Neolítico.
Aristóteles ya describió en sus manuscritos la importancia de los
oricios como alimento.
El caviar de oricios es una conserva que se empezó a fabricar según
describió Besnard, en el año 1930 en las localidades francesas de
Saint Pierre y Miquelón.
En aquella época era muy difícil hacerlo a nivel industrial por
varias razones:
1_ Las rocas donde los oricios habían sido recolectados se volvían a
poblar muy lentamente.
2_ La cantidad de oricios que se podía coger era muy pequeña lo que
daba un rendimiento en conserva muy reducido, por tanto el precio
del producto resultaba muy caro.
La parte comestible del oricio son las glándulas genitales o
gónadas, que son de color amarillo anaranjado en las hembras y
blanquecinas en los machos.
Nutricionalmente se caracteriza por ser un alimento bajo en calorías
con pocos hidratos de carbono y rico en grasas poliinsaturadas y
proteínas. A su vez contienen mucho hierro y fósforo.
También, me gustaría resaltar que el “ADN huele a oricio “, en el 50
aniversario del descubrimiento de la doble hélice del ADN por James
Watson y Francis Crick, la revista “Nature” publicó un artículo
donde se decía que: el ADN huele a Erizo de Mar porque la primera
vez que lo vieron lo sacaron del esperma de uno de estos animales.
Sobre el Queso de la Peral, me gustaría decirles que no soy la
persona más apropiada para hablar del tema porque no sería objetivo.
Primero porque en mi casa nunca falta queso de la Peral, segundo
porque a mis amigos y colegas franceses les demostré cuando vivía en
aquellas tierras que Asturias tenía un queso que nada tenía que
envidiar a su Roquefort de toda la vida y tercero, porque me una
cierta amistad con Dña. Esther Álvarez Bango con la cual he
compartido largas conversaciones de las bondades de ésta maravillosa
obra de arte.
Creo que hoy nos acompaña su hijo D. Jose Luis López para realizar
la cata de éste maravilloso manjar. Si en la reciente Boda Real
entre el Príncipe Felipe y Leticia Ortiz se sirvió de aperitivo por
algo será, como dice el refrán “ algo tendrá el agua cuando la
bendicen”.
No es por casualidad que Asturias, sea la principal mancha quesera
artesana de España y probablemente de Europa, es por tradición
familiar.
El Queso de la Peral comenzó su andadura en el año 1923 de la mano
de D. Antonio León Álvarez, el cuál obtuvo en 1926 y en 1929 con su
queso un premio de Honor, la Medalla de Plata en Madrid y un premio
de la Feria de Muestras de Gijón.
En 1986 falleció D. Antonio a la edad de 106 años, dejando su gran
legado en manos de su nieto D. José Luis López León y su esposa Dña.
Esther Álvarez Bango, quién en este momento se encarga de la
elaboración del Queso la Peral, quién a su vez está preparando a sus
hijos para que la tradición continúe y de esta manera va pasando de
generación en generación consiguiendo tener una producción artesanal
y sobre todo familiar.
Nutricionalmente en la dieta debe existir una proporción de ácidos
grasos esenciales aquellos que no son sintetizados por el organismo,
y que solo pueden ser aportados a través de la alimentación; y que
siempre deben estar presentes en la dieta, son los ácidos linoleico,
linolénico y araquinódico. El queso, sobre todo el que está
elaborado con leche entera, los contienen todos y en unas
proporciones bastante equilibradas.
Por otro lado los ácidos grasos mayoritarios en el queso son los
Triglicéridos, que están en forma de ácidos grasos libres y son
fundamentales para contribuir al aroma. Por ello el consumo de queso
no presenta inconvenientes en cuanto al colesterol ( a no ser que ya
se tenga los niveles elevados en sangre). El queso aporta entre 3 y
45 mg de colesterol, siendo la cantidad diaria que debemos consumir
de 300 mg al día.
También es una fuente importante de proteínas, calcio, fósforo y
oligoelementos.
Me gustaría resaltar que es el único queso que conozco que ayuda a
facilitar el tránsito intestinal por lo cual es muy aconsejable en
aquellas personas con problemas de estreñimiento, siempre que su
consumo sea a diario.
Y por último me gustaría comentar ciertos aspectos beneficiosos del
cava para nuestra salud: pero debo destacar fque el cava no sólo es
catalán, de hecho la denominación de origen “cava” abarca Cataluña,
Rioja, Aragón, Utiel-Requena en Valencia y Badajoz.
El cava se define como un vino espumoso de calidad elaborado con los
métodos utilizados en la región francesa Champagne, que fue creado
por un monje de la abadía de Hautvillers, Don Pierre Perignon que
fue el artífice del método champenoise.
La razón de tener que cambiar la denominación de Champán por la de
Cava se debe a que en 1883 España firmó un acuerdo en Paris, que
después se ratificó en Madrid en 1891, en la Haya en 1925 y en
Lisboa en 1958, según el cual, solo se puede llamar champagne al que
hacen los franceses en la Champagne.
Lo curioso es que el resto de países ( norteamericanos, chilenos,
etc.) que no firmaron el acuerdo pueden hoy elaborar vinos espumosos
con esa denominación.
Desde la antigüedad el consumo de vino y cava se ha relacionado con
salud. Hipócrates, Cervantes o San Pablo le atribuyeron importantes
cualidades como eficaz analgésico, anestésico o tónico. Pero, es
realmente en el siglo XIX cuando comienzan los primeros estudios
científicos que tratan de relacionar sus efectos, demostrando sus
beneficios principalmente para nuestro corazón.
Quedó demostrado por diferentes investigadores que los consumidores
moderados de vino, aquellos que ingieren de forma habitual no más de
2 copas al día presentan una menor incidencia de mortalidad por
enfermedad coronaria gracias a sus efectos cardioprotectores y
antioxidantes. De hecho y según declaraciones del prestigioso
cardiólogo Valentín Fuster, director del Instituto Cardiovascular
Zena and Michel A. Wienz del Hospital Monte Sinaí de New York, el
riesgo de muerte por infarto podría reducirse hasta un 11 %.
Pero además, el vino y el cava pueden ser claves a la hora de
combatir algunas de las principales enfermedades del hombre.
Así, expertos han demostrado que gracias a la presencia de
compuestos fenólicos como el resveratrol, el vino y el cava pueden
actuar como un eficaz agente en la lucha contra el cáncer al inhibir
las fases de iniciación, promoción y progresión de las células
cancerigenas, sin olvidar las investigaciones que apuntan hacía la
reducción de hasta tres cuartos de frecuencia de la enfermedad de
Alzheimer, por estudios llevados a cabo tras tres años de
seguimiento realizado en pacientes bebedores moderados de vino.
Todas estas investigaciones han demostrado la existencia de
evidencias científicas que apoyan la idea de que no solamente el
consumo moderado de vino y cava poseen efectos beneficiosos para la
salud sino que además forma parte de una dieta equilibrada y de un
estilo de vida sano en el que podía encontrarse el origen de las
mayores longevidades.
Dr. Jesús Bernardo García
Médico Nutriólogo
Director Médico de la Cofradía del Colesterol.
Premio HDL Colesterol Bueno en año 2000
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