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La sal de mi tierra
por Mariano del Río
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Cádiz 14/07/05
LA SAL. EL SOL NACIENTE SE RINDE
Reconozco
que soy un amante de la sal a pesar de enfrentarme a cardiólogos y
endocrinos, incluso a los que sufren mis elaboraciones en Achuri,
pero desde siempre entendí que la comida sin sal o con poca sal es
como un lomo sin manteca, o unas papas aliñás con aceite de girasol
o más punible con aceite de soja. Una comida que carezca de sal o no
lleve la necesaria está incompleta y siempre será objeto de la
manida respuesta a la pregunta ¿Qué, como esta?, Bien pero le
falta.......Sal, sal, es lo que le falta. Pues sin ella los sabores
no resaltan y quedan apagados, menguados. Los ingredientes contienen
sus propias sales y hay quien piensa que con ellas los sabores
destacan. Yo pienso que no. La sal activa las papilas, y potencia
los sabores naturales de las materias primas. Claro que todo tiene
un límite, y no hay que sobrepasarlo, y a mi me gusta llegar cerca
de él. Que esté sabroso sin llegar al "está salado".
Pensemos en un tomate de la huerta de Rota, de la mayetería roteña,
del tipo pera, tan característico, cortado en delgadas y carnosas
rodajas. De color rojo intenso, con muy pocas semillas y brillante,
cubierto con su jugo. Vertamos sobre él un chorrito de aceite de
oliva virgen de arbequina. Aún brillará más. La vista se va
alegrando y los matices policromos comienzan a seducirnos. Con tacto
medido, vertimos unas gotas de vinagre de 25 años de las bodegas de
Páez Morilla. Aparecerán unos "ojuelos" de color oscuro, sobre el
oro del aceite, y el conjunto nos "guiñará" con complicidad para
seducirnos y provocarnos el ataque. ¿Qué ocurriría si lo comemos tal
cual?. Que ni el tomate es necesario que sea de Rota, ni el aceite
de arbequina, incluso ni virgen, y que el vinagre se podía haber
sustituido con dos gotas de limón del limonero que está en cualquier
paseo de los pueblos de la sierra. ¿Qué nos falta?, la sal, la SAL.
Unos granitos de sal marina, sí, marina. De marisma, de salinas que
evocan esteros, pero siempre alimentados con agua de la mar. No nos
carguemos la sencillez de un tomate natural aliñado debidamente con
sal seca. Las minas, son para excavar en ellas y sacar minerales,
metales o no metales, pero si son de sal vamos a emplearla en regar
carreteras nevadas para impedir que se hielen, y la que sobre se
devuelve a la mina, para el próximo invierno. Sin embargo, la sal de
minas, denominada también sal gema o sal seca, explotadas para el
consumo humano, y que hasta hace pocos años se consideraba de
inferior calidad, supone un importante aporte a la economía de
ciertos países y para ello se fomenta y publicita su consumo,
aseverando que es más pura al contener casi el 99% de cloruro sódico
y ser más intenso su sabor. Esto es cierto pero no así lo referente
al sabor ya que carece de otros tipos de sales que aportan ligeras
diferencias y que son parte constituyentes de la sal marina de
calidad, junto a oligoelementos esenciales para la vida.
El comercio fenicio, sus incursiones a nuestras costas en busca de
nuevos mercados comerciales de trueque, fomentaron las grandes
navegaciones mediterráneas y con ellas la necesidad de conservar los
alimentos, práctica que ya tenían los hijos de Sidón. La bonanza del
atún rojo atlántico en su migración mediterránea, origina una pesca
fácil y muy rentable, las primitivas jábegas y posteriores
almadrabas. ¿Qué hacer con todo ese pescado?, conservarlo, salándolo
y se dispondrá de él durante más tiempo sin que pierda cualidades.
La sal de la bahía de Cádiz, es la consecuencia de muchos cientos de
años horadando y labrando la tierra para formar, esteros,
compuertas, muros, retenidas, lucios, vueltas de fuera, vueltas de
periquillo y tajerías que es, al fin, donde la sal se cristaliza.
Sales de sodio, yodo y otros oligoelementos aportan el sabor
característico y sobre todo su intenso paladar conduce a una menor
cantidad necesaria para salar platos, con lo que la ingesta de sodio
se reduce a lo estrictamente necesario. Una unidad de sal marina de
la bahía aporta más y con mejor sabor, que la denominada sal de
mesa, generalmente procedente de sal gema o seca y del resultado de
procesos industriales y secados previos que desfiguran el sabor
natural y originario de la sal de las salinas gaditanas. Sin embargo
la actual industria asevera lo contrario, fundamentándose en que la
sal mineral es cloruro sódico al 99%, omitiendo la aportación de
sales de magnesio, yodo, potasio o hierro que contiene la sal marina
común.
EL COMIENZO DE LA HISTORIA
Durante la pasada edición de este curso, una alumna, me enseñó un
recorte de revista donde aparecía un breve apunte anunciado "Para
exquisitos". En él se hacía mención a la Sal Rosa del valle del
Punjab, en el Himalaya. Una mina de sal seca con matices rosas
debido a restos de magma y alto contenido en hierro, atrapados entre
la tierra cuando emergió la cordillera, hace más de 200 millones de
años y quedó cautivo parte del océano.
Este fue la causa que motivo mi curiosidad para investigar sobre las
sales de "diseño", tan de moda y que mueven tanto negocio, por
supuesto ajeno a nuestras fronteras.
EXPLOTACIÓN
Desde el principio de los tiempos la sal se obtenía por dos métodos:
La explotación de vetas de cloruros por desecación de antiguos mares
salados o por afloración de los mismos, dando lugar a la denominada
SAL GEMA.
Por la evaporación del agua salobre mediante calentamiento ígneo,
hasta la cristalización de las sales. Este procedimiento se
realizaba en recipientes cerámicos, formándose en su interior un
bloque de sal que hacía necesario romper el recipiente para
extraerla denominándose lo obtenido PAN DE SAL, de más fácil de
transporte.
Es a partir del siglo V a.C. cuando en las regiones meridionales,
por sus condiciones climáticas, se construyen complejos sistemas a
orillas del mar donde se obtiene sal por evaporación solar durante
los meses de verano, dando lugar al nacimiento de las salinas. De
más fácil explotación, fomentaría una potente producción y comercio
de salazones.
Plinio en su referencia a la sal en su libro Historia Natural,
diferencia dos tipos de sal: La Sal Nativa, obtenida de lagunas,
montañas, ríos, fuentes y la espuma dejada por el mar sobre la
orilla, y la Sal Artificial extraída de salinas costeras construidas
por el hombre.
Un tratado farmacológico chino, datado en 2.700 a.C. dedica gran
parte de su compendio a los mas de cuarenta tipos de sal que ya se
conocían, sus métodos de obtención y las distintas etapas de
depuración para el consumo humano. Muchos de estos métodos están aún
vigente.
Los griegos llegaron a valorar tanto la sal que la intercambiaban
por esclavos, naciendo la expresión: "No vale su peso en sal".
Recordemos que los romanos construyeron en los primeros tiempos de
la fundación de Roma, una vía que la uniera con el Adriático para
recolectar la sal del delta del río Tronto, en Óstia y debido a su
importancia se estableció en camino protegido por soldados cuya
remuneración se efectuaba en pequeñas bolsas de sal, origen de la
palabra salario, para que el valioso mineral llegara salvo a la
capital. Esta vía que aun persiste, quedó nominada Vía Salaria.
En el Sahara occidental se emplea una palabra que evoca tiempos
pasados y que aun persiste entre las poblaciones de tuaregs (hombres
azules de Joaquín Quiñónez, 1985). Esta palabra es AZALAY, mítico
viaje de ida y vuelta desde Tombouctou, en Mali hasta las salinas de
Taudenit, al norte del país, a mil kilómetros de distancia, un paseo
que duraba de dos a tres meses a través del desierto con cientos de
dromedarios en fila india. En Taudenit compraban barras de sal seca
en la explotación minera a cielo abierto. Sal grisácea, con
impurezas de sales ajenas a las de cloro, que una vez cortadas en
bloques rectangulares y planos, se estibaban sobre los dromedarios
para comenzar de nuevo el camino de retorno a Tombouctou. Este
comercio de la sal de las minas de Taudenit constituyó junto al del
oro y tejidos la principal relación mercantil entre África del norte
y el áfrica tropical y demuestra la importancia vital de la sal,
cuya posesión movía hombres y bestias durante meses por el desierto.
La grave crisis económica de finales del siglo XVIII, por la que
pasó Francia, unida a la subida de los impuestos de la sal, fueron
los detonantes de la revolución francesa.
Durante el asedio de Moscú por las tropas francesas de Napoleón,
muchos de los heridos murieron por que sus heridas no cicatrizaban
por falta de sal en la dieta.
En 1930, los ingleses se enfrentaban a una rebelión del pueblo hindú
como consecuencia de la subida de los impuestos sobre la sal del
monopolio británico. La sal necesaria para el consumo humano durante
un mes, costaba el trabajo de tres jornadas a los campesinos. Ghandi
inicia una marcha con unos pocos de sus seguidores durante 15 días a
pie, para recorrer 300 kms. hasta la costa. En la orilla, junto con
un séquito de miles de personas que le habían seguido, se dispuso a
elaborar sal, desobedeciendo la ley inglesa sobre su posesión, e
induciendo a la desobediencia civil. Ghandi sería encarcelado por
esta acción, pero sus seguidores comenzaron a elaborar sal en la
orilla del mar y meses mas tarde los británicos abolían la ley sobre
el monopolio colonial sobre la sal.
Como dato curioso y a modo de magnitud desmesurada, sepan que en el
altiplano andino, en Uyuni, al sur de Bolivia, existe una llanura de
sal, el salar más grande del mundo, de 12.000 kms2. de extensión,
resto de un mar primigenio cuyo resto actual está constituido por el
lago Titicaca. Situado a 3.700 mts. de altitud, está conformado por
11 capas de sal que oscilan entre 2 y 10 mts. y de él se obtiene
sales ricas en boro, magnesio, litio, pero exentas de yodo,
constituyente de la sal marina. Sin embargo lo más llamativo es que
cerca de allí, al oeste de Bolivia, en Tajira, se obtiene sal en
roca de color rosa, que se comercializa en esta forma o bien molida.
Compuesta de calcio, potasio, magnesio, cloro, sodio e hierro, se
mercantiliza a altos precios por la novedad de presentar un ligero
matiz rosado que le permite exhibirse como mero objeto decorativo, y
que también está exenta de yodo.
LAS SALINAS DE LA BAHÍA
De la obtención de sal por ignición de agua de mar en nuestras
costas se evidencia por los restos arqueológicos de vasijas de
cerámica encontrados en la desembocadura del río Guadiaro.
"las diez islas Casitérides, situadas al norte del puerto de los
ártabros, (gallegos celtas) tienen metales de estaño y plomo, que,
con las pieles, cambian por cerámica, sal y utensilios de bronce que
llevan los mercaderes fenicios de Gadir" Según nos narra Estrabón
sobre el comercio del norte de Portugal y Galicia.
Durante los siglos VI y V a.C. se incrementa notablemente el
comercio de salazones por todo el Mediterráneo, sobre todo con
Atenas, y ello debe coincidir con una producción mas efectiva de la
sal, probablemente con el abandono de la obtención por ignición y la
construcción de métodos más eficaces como pudieran ser las salinas.
Entre los siglos XV y XVI el núcleo productor de sal por excelencia
en la Bahía era sin duda El Puerto de Santa María, villa bajo la
jurisdicción del Duque de Medinaceli. No obstante, la extracción de
sal también fue una de las principales formas de vida de los
habitantes de San Fernando. Casas señoriales como la de los Ponce de
León y los Duques de Cádiz, monopolizadores del sector pesquero,
elevaron continuas peticiones a la Corona para la roturación de
salinas ante los altos beneficios que ellas producían.
En el siglo XV, las salinas de la zona atlántica estaban en manos de
la nobleza. En 1564, Felipe II, para financiar la guerra contra
Inglaterra, decidió incorporar directamente a la Corona todas las
salinas del reino, sometiendo desde entonces a gravámenes (gabelas),
cada vez más elevados, el consumo y producción de la sal. Esta real
orden, sin embargo, no afectó a las salinas andaluzas, que
permanecieron en manos privadas a lo largo de toda la Edad Moderna.
La ley de Minas de 1.869 abolió los gravámenes sobre la sal.
A partir del siglo XVIII, las explotaciones salineras ocupaban buena
parte de los humedales de la Bahía. Pero no será hasta principios
del siglo XIX cuando experimenten su máxima expansión, sobre todo a
raíz de la liberalización del sector por la aplicación de la Ley de
Minas de 1869, antes mencionada, poniéndose en venta las salinas del
Estado. Las ganancias eran tales, con la explotación privada, que se
despertó un auténtico "furor salinero", roturándose en este momento
numerosas salinas de nueva planta. Las salinas que existían hasta
ese momento, estaban comprendidas entre los términos de Puerto de
Santa María y San Fernando, ocupando gran parte del municipio de
puerto Real. Sin embargo no existían o eran muy pocas, las
explotaciones entre La Isla y Chiclana.
El florecimiento del puerto de Cádiz, coincide con el mayor auge de
las explotaciones salineras de la bahía y se comienza a roturar las
tierras entre La Isla y Chiclana. Esta situación favoreció la
defensa de La Isla de León contra el asedio de las tropas
napoleónicas, que debieron acampar en el denominado pinar de los
franceses, en el término de Chiclana.
La máxima explotación de la industria salinera de la bahía se puede
concretar alrededor de 1.880. Es cuando la industria es más rentable
y florecen otro tipo de industrias alrededor de las explotaciones
salineras, como fue la construcción de buques para el traslado de la
sal, los llamados "candrays" y "gabarras". Estas embarcaciones de
unos 18 metros de eslora, 5 de manga y 1 de puntal, surcaban las
salinas, tiradas por reatas de mulos desde la orilla, para
transportar la sal desde las tajerías hasta los caminos de fácil
acceso a los carros, que la depositaban a pie de la "casa salinera".
La producción de sal en nuestro entorno está íntimamente ligada a la
industria de las salazones. Si el comercio de pescado es bueno,
también lo será la producción de sal necesaria para mantenerlo.
Dos acontecimientos van a determinar la paulatina desaparición de
las salinas de la bahía:
La invención de la conserva de pescado en recipientes y la
producción de frío capaz de congelar o al menos mantener el pescado
en buen estado.
LA CONSERVA
Hasta finales del siglo XVIII, una de las industrias más importantes
de la bahía era la exportación de sal para la conservación de
alimentos, unido a las industrias de salazones y ahumados.
En 1.795 el gobierno de Napoleón ofreció un premio de 12.000 francos
a quien procurase algún medio para conservar la comida que no fueran
los tradicionales de salazones, ya que estos solo eran aplicables a
carnes y pescados, mientras que frutas y verduras, contenedoras de
vitaminas, debían tomarse frescas para evitar el escorbuto y otras
calamidades atribuidas a la ausencia de ingestión vitamínica.
Un polifacético parisino, llamado Nicolás Appert, confitero,
vinatero, cocinero, cervecero y fabricante de embutidos, había
mantenido la idea de la conservación de alimentos de igual manera
que el vino, envasándolos en botellas. Por fin descubrió que
hirviendo los alimentos previamente en agua y luego cerrándolos
herméticamente en recipientes de cristal, estos aguantaban sanos al
menos durante unos meses.
Con esta idea y una serie de pruebas que presentó al gobierno
napoleónico obtuvo el premio que le permitió poner en marcha la
primera fábrica de conservas en recipientes de cristal.
La fragilidad de estos para el transporte y la necesidad imperante
de alimentación de las tropas, tanto francesas como inglesas,
originaron que el inglés Peter Durán fuera dotado de una patente
concedida por el rey George III, sobre la conserva de alimentos en
recipientes de hojalatas.
Había nacido definitivamente la conserva en recipientes que acabaría
con la supremacía de salazones de carnes y pescados.
LA DECADENCIA SALINERA
Al mismo tiempo, las exportaciones a Argentina, Brasil y Uruguay
mantuvieron la producción durante buena parte del siglo XIX. Pero la
aparición de una fuerte competencia tanto dentro del propio país,
como fuera de él, y la aparición de la industria del frío para la
conservación de los alimentos, condujo al inicio de la crisis en el
sector.
Hasta 1928 los niveles de producción se mantenían. Para proteger el
sector de la competencia exterior, los salineros de la zona se
unieron y crearon el Concierto Salinero. Pero las salazones,
principal actividad generadora de la demanda de sal, estaban en
claro retroceso.
En 1876, el ingeniero francés Charles Tellier construyó el primer
buque frigorífico que realizó, con éxito, la travesía
Argentina-Europa con un cargamento de carne de vacuno y cordero
congelada en el buque "Le Frigorifique". Además, la roturación de
grandes y competitivas salinas en Brasil y Argentina repercutieron
en la bajada del precio del producto. En 1935 la recesión era ya una
realidad irreversible.
Así pues podemos identificar la crisis con las siguientes causas:
Pérdida de los clientes tradicionales.
Descenso en la producción de las salazones, sustituidas por la
industria del frío.
Competencia de otras salinas nacionales y extranjeras.
Falta de adecuación técnica de las salinas tradicionales. Ausencia
de nuevas tecnologías que hicieran más rentables las explotaciones
tradicionales.
Todo ello abocó a un paulatino abandono de las explotaciones
tradicionales. Algunas llegaron a perdurar hasta la década de los
70, pero al comienzo de los ochenta, la última, Tres Amigos, que
sobrevivía afiliada a la Unión Salinera de España, se trasladó al
Puerto de Santa María, y poco después desapareció como tal entidad.
CARACTERÍSTICAS DE NUESTRAS SALINAS
Las antiguas explotaciones salineras de la bahía realizaban un ciclo
natural que permitían la obtención de una sal marina de calidad
superior. La situación geográfica juega un papel fundamental para
conseguir este óptimo resultado. La salinidad del agua del mar
depende principalmente de la tierra por donde transcurren los ríos
que aportan caudal al mar. Normalmente, en el Atlántico, la
concentración de sal está alrededor de 30 grs. por litro de agua
(3%). En el saco de la bahía, incluyendo las zonas de Puerto Real a
La Carraca, la concentración llega a aumentar hasta 40 grs. por
litro (4%). Las precipitaciones, los vientos reinantes, el índice de
mareas con gradientes que llegan hasta 119º de "aguaje" y 40º o 45º
de mareas muertas y la temperatura media anual, son factores que
influyen directamente en la concentración de sales en el agua de la
mar. Así, en nuestra costas, las altas temperaturas de verano unidas
al viento seco de levante, determinan la rápida evaporación del agua
de mar que espera en las tajerías la cristalización de las sales que
constituyen nuestra excelente sal.
A finales del mes de Julio se comenzaban las labores de recogida de
la primera sal obtenida por evaporación. Las salinas de Los Tres
Amigos, Chacartegui, El Ratón, San José, San Félix, Dolores,
Arrierillo y tantas otras que ocupaban toda la ribera de la bahía y
la extensa marisma hasta el Poblado de Doña Blanca por el Puerto y
Chiclana hacia el sur. Los salineros, por medios de rastrillos,
arrastraban las sales superficiales ( flor de sal) hasta las orillas
de las tajerías, donde envasaba en sacos de yute para su posterior
transporte a la casa salinera. Esta sal, de cristales pequeños, rica
en hierro, ligeramente rosada por su alto contenido en yodo, sabor
intenso, con cierto gusto a sapina , se guardaba para ser envasada
en medidas ligeras y se exponía a la venta en la propia salina.
Prácticamente era la sal de consumo común entre la población de la
bahía.
Más avanzado el verano se continuaba el mismo procedimiento,
obteniéndose sal mas gruesa y menos pura, hasta que en septiembre se
recogía la última del año de color grisácea. Esta sal se amontonaba
a pie de la casa salinera, formando pirámides, que el alcalde del
Puerto se ha empeñado en recordar, de color oscuro. Esta sal
amontonada aguardaba durante todo un año, para que las lluvias del
invierno purificaran su contenido, pasado el cual se comercializaba
para salazones y usos domésticos de menor calidad y aplicaciones
industriales y conserveras.
LAS SALES MÁS FAMOSAS
SAL DE MALDON: Patrocinada por Ferrán Adriá. Producida en el condado
de Essex, al este de Londres, en un estuario similar a las rías
gallegas, pero menos profunda. No todo los años tiene la misma
calidad y se obtiene por evaporación solar. Debido a la climatología
de la zona, muchas lluvias y poco sol, los cristales de sal de forma
plana se modelan muy lentamente, obteniéndose al final granos de sal
de tamaño entre fina y gorda y no aconsejable para tomar cruda, so
pena de visita al dentista. La gran particularidad de esta sal
inglesa es su gran pureza natural. Tiene un fuerte sabor salado.
(250 grs. 4,9€)
SAL DE GUERANDE: Península situada en la Bretaña francesa, en el
estuario del Loira, donde se obtiene desde hace siglos sal marina, y
suministrador por excelencia, hasta finales del siglo XIX de toda
Francia. Tiene un color gris característico del fondo marino propio
del suelo de aluvión sobre el que se forma y no son otra cosa que
impurezas. Se comercializa en cristales medianos empaquetada en
bolsas de tejido. Es rica en oligoelementos. Producto natural, sin
aditivos, y solo ha sufrido una ligera molienda. Se cultiva a mano.
(125 grs. 7€)
OTROS TIPOS DE SAL
SAL AHUMADA: Sal con fuerte sabor y olor a humo. Utilizada para la
fabricación casera de carnes, verduras, o pescados ahumados.
También, además de salar, puede dar un "toque" ahumado usándola como
si fuera una especia. Salar por ejemplo un foie gras, una
escalivada, un ave, un salmón.
SAL GLUTAMATO MONOSÓDICO: Sal sódica del ácido glutámico. Se extraía
originalmente de las algas, concretamente de la "Laminaria Japónica"
y del trigo. Realza el sabor (malo o bueno) de los alimentos. Es
utilizada por la industria alimenticia para preparaciones en sobres,
y en las cocinas orientales. Su presencia puede provocar alergias
(síndrome del restaurante chino).
GOMASHO: Mezcla japonesa de sal y semillas de sésamo negro.
SAL DE APIO: Mezcla de sal y semillas de apio trituradas.
SAL NITRIFICANTE E250 (nitrito sódico): No se encuentra en estado
natural. Se deriva del nitrato sódico mediante acción química. Se
utiliza en la industria a fin de mantener un color atractivo.
También es un conservante y se encuentra en la mayor parte de los
curados. Su mención es obligatoria
FLOR DE SAL: La sal de moda. Hace su entrada en el mercado francés
hace unos 20 años. La primera comercialización fue realizada por las
salinas de Guerande. Desde hace poco tenemos un producto
mediterráneo producido en Camargues, en la desembocadura de los dos
brazos del Ródano, entre Montpellier y Marsella. En las salinas, a
los primeros efectos de la concentración de la sal, cristales de sal
ligeros flotan en placas muy finas en la superficie del agua. Es la
flor de sal. Se recoge con un instrumento que se llame la "lousse"
que es como un rastrillo sin dientes. Es de muy baja producción.
EL ATAQUE FINAL
A comienzos del verano pasado, coincidí con un cocinero japonés,
formado en escuelas niponas y pulido en escuelas catalanas de
hostelería, de hecho, hoy, es profesor de una de ellas, y además
tiene su propio restaurante resultado del mestizaje entre la
preparación nipona y los productos y cocina mediterránea. Dentro de
la conversación que mantuve con él, comentó el problema de la sal,
significando como "problema" el no poder adquirir sal marina
adecuada a sus platos y preparaciones.
Usaba sal seca de origen minero. Le hablé que en el Sur usábamos sal
marina, procedente de las salinas de la bahía de Cádiz, desde el
término de Chiclana hasta el de Puerto de Santa María, acogiendo a
San Fernando, quizás la "capital" de la sal, y a Puerto Real, e
incluso una pequeña zona del término de Cádiz capital. Me preguntó
por la calidad de la sal. No dudé: La mejor del mundo mundial.
Desconociendo nuestra geografía y nuestra historia, ignoraba que las
primeras salazones europeas se elaboraron en nuestras costas.
Todo esto narraba a mi interlocutor oriental y viendo que el pescado
solo lo vendía yo, decidió contarme lo significativo de un buen
comercio y una mejor estructura de venta.
En la isla de Oshima, se da la producción de sal marina. La
corriente cálida de Japón arrastra una serie de minerales que se
depositan en unas vasijas de boca ancha, colocadas en lagunas
lindantes con la playa y que se llenan de agua de mar cada marea. En
verano la vasija se calienta y unido a los vientos reinantes,
evaporan el agua dejando la sal, que es de color ocre, consecuencia
del recipiente donde se forma. Diariamente se recolecta esta "flor
de sal" que se envasa con el nombre de "Oshima Island Blue Label
Salt", o en su calidad de etiqueta roja y que sólo puede ser
adquirida por los miembros japoneses del Salt Road Club, aunque
ahora se obtiene en el mercado americano. La característica de esta
sal es dejar un cerco cuando se disuelve de color pálido
consecuencia de su contenido en sales no sódicas. Cuando creía, mi
interlocutor, que me había vendido por la exclusividad de su sal
japonesa de la isla de Oshima, recordé, casualmente, el accidente
marítimo del año 2.002, en el que se hundió un mercante, después de
haberse incendiado y vertido sus tanques de combustibles y aceites
minerales a las aguas que posteriormente alimentarían la excéntrica
compra del club de sal.
La conversación sobre el tema terminó cuando me rogó que le enviara
toda la sal que pudiera de nuestras salinas. El imperio japonés
había claudicado.
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