Del mismo modo que el infierno siempre
son los otros, el paraíso también son los demás, los próximos, los que
por una razón u otra nos alegran el viaje de lo cotidiano. Es nuestra
gente y ante todo el lugar donde nos reconocemos, donde no somos el
otro, el infierno.
El norte es el rumbo, y ese lo ponemos cada cual a su manera. Rara vez
se trata de un camino recto sino, casi siempre recorre senderos sinuosos, la línea recta
no es el camino más corto
No pido otra cosa: el cielo sobre mi…y el camino bajo mis pies.