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Paseo por el casco histórico
de AvilÉs
(Haz clic para obtener
la información que desees)
Edificio del Ayuntamiento
Calle de La Ferreria
Capilla de los Alas
Parque del Muelle
Iglesia Vieja de Sabugo
Plaza del Carbayo
Plaza del Mercado
Palacio de Camposagrado
Palacio de Ferrera
Fuente de los Caños de San Francisco
Iglesia de San Nicolás de Bari
Casa Municipal de Cultura
Palacio Balsera
Calle de Galiana
Casa de Arias de la Noceda
Parque de Ferrera
Calle de Rivero
Palacio de LLano Ponte
Teatro Palacio Valdés
Iglesia de los Padres Franciscanos
Palacio de Valdecarzana
Avilés una ciudad cargada de
Historia
Calles y edificios del casco antiguo de
Avilés (que junto con el de Oviedo son los más importantes
de Asturias) están declarados Conjunto Histórico Artístico
por el Estado español.
La ciudad conserva importantes vestigios del pasado,
algunos de ellos realmente notables.
Durante la Edad Media recibió, en el S. XI, por parte del
Rey Alfonso VI, un FUERO que le supuso valiosos beneficios
sociales y económicos. La Villa se fortificó y comenzó a
desarrollar una notable actividad comercial que la convirtió
en la segunda población de Asturias. A ello contribuyó, de
modo fundamental, la estratégica situación de su abrigado
puerto, por entonces y durante siglos, fue el más importante
de la región y uno de los más activos del área atlántica de
la época. Su proyección comercial llegaba a los mercados de
la meseta castellana.
En el siglo XVII, el crecimiento demográfico hace
necesario construir fuera de la ciudadela medieval. El
primer edificio fue el palacio municipal, y poco después los
de Ferrera y Llano Ponte: todo ello dio origen a la actual
plaza de España (El Parche, para los avilesinos ) y al
nacimiento de las calles de Rivero y Galiana. Es lo que se
conoce como el “ensanche barroco”.
A finales del XIX la ciudad recibe un nuevo impulsos : “El
ensanche burgués” que da origen – al desecar las marismas- a
espacios como el parque del muelle, la Plaza del Mercado… y
a espléndidos edificios. Por ese tiempo Avilés fue de las
primeras ciudades del norte de España en modernizarse:
alumbrado público, tren, teléfono, tranvía, etc.
Hacia la mitad del s. XX se establecieron en Avilés
grandes factorías metalúrgicas, que llevaron a quintuplicar
su población con la llegada de trabajadores de muchos puntos
de España. Este “ensanche industrial” obligó a la
construcción de poblados en la periferia de la ciudad y a un
vertiginoso crecimiento de su centro urbano. Pero la mayoría
de las señas de su pasado lograron sobrevivir a este
gigantesco desarrollo.
Estamos en una ciudad atlántica milenaria, recoleta y muy
paseable, en la que uno de sus elementos arquitectónicos más
singulares – el soportal- siempre nos pondrá a buen
resguardo del sol o de la lluvia, para descubrir el arte y
la historia que Avilés sigue atesorando.
EL PASEO
El paseo empieza en la Plaza España o
Parche, aquí encontramos un triángulo formado por tres
edificios El Ayuntamiento, el Palacio del Marqués de Ferrera
(hoy convertido en un hotel de cinco estrellas) y la casa de
García Pumarino (hoy cines Marta) todas estas construcciones
son del siglo XVII y estaban fuera de las murallas que
rodeaban Avilés.
El recorrido: Paradas
Plaza de España: Punto de inicio y final de las visitas.
En ella confluyen seis calles cinco de ellas son peatonales.
La Ferrería, San Francisco- Galiana y Rivero nos
remiten directamente a otras épocas.
Las de La Fruta y La Cámara son más comerciales.
Situado en Plaza de España, data
delsiglo XVII, Fue
el primer edificio noble levantado fuera de la
ciudad amurallada, al sur de la misma y
significó, desde el punto de vista urbanístico el
inicio de un gran avance para Avilés.
El edificio que alberga los consistoriales,
está compuesto por
dos plantas. La inferior, bajo soportales,
se alquilaba para destinarlas a actividades
comerciales con una estancia adicional superpuesta.
El primer piso acogía, fundamentalmente, dos grandes
salas de reunión y pequeños espacios donde se
desarrollaba la actividad municipal.
En el siglo XIX se
le añade la torre del reloj.
Hoy día el palacio está dedicado íntegramente a
labores de orden político administrativo. En su
interior son destacables
la escalera central,
dominada por una vistosa cristalera y
el salón de
recepciones.
La construcción inmediatamente posterior, de la
noble casa de
García Pumarino y del
palacio del Marqués
de Ferrera constituyó el inicio de
modernización de la ciudad que veía estrangulado su
crecimiento por el recinto amurallado. Este
crecimiento urbano es conocido como
“el ensanche
barroco”.
El ayuntamiento, junto con el palacio de Ferrera y
el de Llano Ponte, forma un triángulo que ha dado
origen a la plaza de España (El Parche).
- Calle
de la Ferrería:
La que guarda más vestigios del
Avilés medieval, ya que era la principal de las calles de
la villa amurallada.
Pasear por la Ferrería es introducirse en el túnel del
tiempo, al que te llevan sus edificios y su conformación
urbana, cargada de siglos.
El Avilés amurallado, de la Edad Media, se componía
fundamentalmente de tres calles que configuraban una
especie de hache. La de La Ferrería, la de La
Fruta (entonces llamada calle Oscura) y la
pequeña calle del Sol (o del Pescado, así
llamada en la época), que unía a las anteriores.
La calle de La Ferrería (en su tiempo
conocida como Rúa Nueva), arrancaba de una de las
principales entradas al recinto amurallado –donde en su
día se instaló la llamada Torre del Reloj- y terminaba en
otra de las salidas del mismo, la puerta del mar (es decir
el entonces puerto de Avilés) a la vera de la Iglesia de
los Franciscanos.
Se trata de una avenida recta que traspasaba de parte a
parte la ciudadela medieval.
Sembrada de soportales, que cambian de lado en el cruce
con la calle del Sol, su nombre responde a la
actividad artesanal que en ella se desarrollaba: labor de
ferrero.
Como en otras de Avilés, los soportales servían para
resguardo del tiempo: lluvia y sol, y a la vez para
aprovechar la luz natural para desarrollar el trabajo de
los profesionales.
- Palacio de
Valdecarzana:
S.
XIV
También
conocido como Casa de las
Baragañas. Se trata del
edificio civil más antiguo de
Avilés,
Valdecarzana es el más claro vestigio de la
arquitectura gótica de
la ciudad. Destacan en él las ventanas geminadas de la
primera planta que se conservan en perfecto estado.
Es un palacete medieval, que se cree fue residencia de un
rico mercader que utilizaba la planta baja como almacén de
sus existencias y la alta como residencia familiar. El hecho
se fundamenta en que el edifico no adopta carácter defensivo
en su construcción, pues no hay que olvidar que la ciudadela
medieval estaba amurallada, y ello constituía suficiente
garantía de seguridad.
El edificio nos ayuda a comprender como era la arquitectura
urbana de la ciudad en aquella época, pues es lógico pensar
que hubieses más edificios como éste en el casco histórico
que fueron desapareciendo con el tiempo.
La fachada que se conserva intacta es la que da a La
Ferrería, y constituye una de las más notables de la
arquitectura asturiana. Las otras (que dan a la calle del
Sol y a la plaza de Alfonso VI) fueron modificadas a través
del tiempo y han perdido su sabor original.
El interior del edifico fue
reformado en el siglo XIX.
Hay una leyenda sobre Valdecarzana: en ella se dice que se
alojó durante varios días el rey de Castilla y León, Pedro I
El Cruel, después de haber conquistado Avilés que su hermano
Enrique de Trastámara había cercado y tomado por las armas
unos meses antes.
Iglesia de los Padres Franciscanos:
Es el edificio más antiguo de Avilés, ya que data del siglo XII. Su estructura ha sido objeto de varias reformas. Su factura
original responde al estilo románico. Durante siglos
fue la parroquia de San Nicolás de Bari.
Es el edificio de
Avilés con mayor antigüedad conservado hasta hoy.
Destaca su portada
principal, románica donde a pesar del
desgaste de la piedra –no olvidemos que la iglesia
estaba, en aquella época, al lado del puerto- aun
podemos observar algún capitel con representaciones
alegóricas. El resto se los ha llevado el salitre
del tiempo.
en su portada central (seis columnas, tres a cada lado), podemos
apreciar algún capitel con representaciones felinas
y –el más destacado, el primero de la derecha- la
escena del pecado original, donde Eva le ofrece la
manzana a Adán.
Posteriormente la iglesia fue suplementada con
capillas. Las más destacadas son las de
Pedro Solís, a
la izquierda, con puerta apuntalada en el exterior y
una notable obra en el interior donde se destaca la
bóveda, un magnífico rosetón, una hornacina y su
puerta de entrada, al estilo de la catedral de
Oviedo.
A la derecha, se levantó en
el siglo XVIII, la
capilla del Cristo, dotada de una pequeña
bóveda que culmina en una linterna octogonal que
facilita la iluminación diurna.
Esta iglesia alberga en un mausoleo a la izquierda
del altar, los restos del almirante avilesino,
Pedro Menéndez,
fundador de la primer ciudad de los EE.UU de
América.
En su testamento dejó dispuesto que
su enterramiento
fuese aquí.
Una de
las más importantes joyas arquitectónicas de Avilés
(y de Asturias) medieval, concretamente del siglo
XIV, periodo de transición del románico al gótico en
la que se tantean nuevas soluciones constructivas.
Su estado de conservación, a pesar de penosos
accidentes naturales (terremotos e incendios) y
humanos (guerras) es magnífico, sobre todo en la
parte exterior.
La
familia de Los Alas, poderosos mercaderes medievales
avilesinos, quiso levantar una capilla funeraria. Lo
hizo en el cementerio de la ciudadela medieval,
situado al lado izquierdo de la entonces iglesia San
Nicolás de Bari (hoy de los Padres Franciscanos).
Es un pequeño y sobrio edificio de planta cuadrada,
de una belleza arquitectónica realmente notable.
Fachada de una planta donde destacan el escudo
nobiliario de la familia y una preciosa puerta de
entrada, de estilo protogótico, adornada con rostros
barbados en unos casos y alados en otros.
El conjunto aparenta una sencillez, en encajes de
piedra y tallados, bajo la que se esconde una
perfecta obra de arte.
En el interior podemos apreciar dos pares de
hornacinas bajo arcosolio, e igualmente lápidas
labradas con inscripciones, en el suelo. Destaca la
cúpula aquitano-española cuyo centro muestra la
efigie de Cristo mirando hacia abajo.
Los cuatro extremos de bajada de la nervadura
reposan en las ménsulas. A resaltar, también, la
cantidad de adornos en forma de rostros.
Ha sido el parque tradicional de Avilés, desde principios
del siglo XX hasta la década de los setenta, cuando entró en
servicio el de Ferrera.
Edificado sobre terrenos de marisma, fue uno de los símbolos
del crecimiento avilesino entre los siglos XIX y XX. Su
extensión es de 14.000 metros cuadrados. A su cuidada labor de
jardinería añade notables conjuntos escultóricos.

El parque del Muelle fue uno de los espacios ganados para la
ciudad a finales del siglo XIX, lo que hizo desplazar el
puerto medieval (situado a la altura del templo de los
Franciscanos) hacia lo que es hoy el puerto comercial de
Avilés.
Hasta los años setenta era lugar de solaz preferida de los
avilesinos para iniciar y mantener relaciones sociales. Los
domingos y festivos tenían lugar –al mediodía- conciertos de
la banda municipal, y la gente se apiñaba en torno al
magnífico templete musical, una verdadera joya –en su género-
en Asturias.
El elegante parque del Muelle, de trazo rectangular, tiene
unos cuidados jardines y unos bellos soportales vegetales.
Lo que termina de singularizarlo son las estatuas aquí
levantadas. Once de ellas están inspiradas en motivos
alegóricos de la mitología griega, una de las cuales conforma
una preciosa fuente. Llama la atención el monumento a la foca,
toda una leyenda en la ciudad.
Finalmente y en el extremo opuesto, a la fuente de entrada, se
levanta el conjunto escultórico dedicado al almirante Pedro
Menéndez. “El adelantado de la Florida”.
Su edificación respondió a cubrir las necesidades
religiosas del único barrio extramuros del Avilés
medieval. Finales
del siglo XII y principios del XIII
Es un monumento
ejemplar, y aunque pequeño, su conjunto
compone una delicada armonía de líneas.
Las iglesias, por aquella época comenzaban su
construcción por el ábside al objeto de poder
consagrar cuanto antes.
Al llevar tanto tiempo las obras (se dice que cerca
de setenta años) el templo refleja la influencia de
dos estilos: el románico y la transición de este al
gótico, es decir el protogótico. La influencia
románica se refleja en el ábside semicircular y en
la puerta latera. Sin embargo la portada principal
es protogótica.
En el interior, la decoración se concentra sobre
todo en las portadas, el arco triunfal apuntado y la
capilla mayor.
Actualmente se utiliza en contadas ocasiones para
actos religiosos. Sí se aprovecha –y es un marco
perfecto- par conciertos, exposiciones y actos
sociales de relevancia para la ciudad.
Plaza de una gran solera, es el centro neurálgico del
barrio de Sabugo, antaño barrio marinero de Avilés por
excelencia y situado sobre una pequeña colina fuera de la
muralla medieval.
De trazado casi cuadrado, destaca en ella –sobre todo- la
histórica iglesia vieja de Sabugo.
La
plaza actúa como repartidor del barrio. De ella salen, ya a
ella confluyen, la secular calle de Bances Candamo, con aceras
soportaladas. Y la calle de La Estación paralela a la
anterior. Ambas entroncan más abajo con la de Carreño Miranda.
Durante muchos siglos los habitantes de Sabugo se dedicaron a
labores marinera. No solamente faenaban en la mar sino que
contaba con carpinteros de ribera que construían las
embarcaciones.
En la plaza del Carbayo se centralizaba la vida social del
barrio. En la parte meridional de la iglesia estuvo adosado
durante siglos un pórtico de madera para resguardo de la gente
que allí se reunía.
Todavía hoy se puede ver, a lo largo de esta fachada bancos de
piedra unidos al templo y, cerca del ábside una mesa donde se
congregaba la Comunidad de Mareantes para trazar planes de
pesca entre la que se incluía la caza de ballenas.
Sabugo, estuvo durante siglos, prácticamente separado del
casco histórico de Avilés (o La Villa), solamente un estrecho
puente paliaba pobremente su aislamiento. Pero las obras
efectuadas (siglos XIX y XX) para ganar terreno a la marisma,
hizo posible su integración total en la ciudad.
-
Plaza del mercado:
Segunda mitad del siglo
XIX
La nueva plaza del mercado fue edificada desecando
terrenos de marisma, y canalizando subterráneamente
el río Tuluergo, que discurría por la calle de La
Muralla. Este crecimiento de la ciudad (siglo
XIX-XX) es conocido como "el ensanche burgués”.
Este monumental espacio arquitectónico
fue construido en
la segunda mitad del siglo XIX. De forma
rectangular, vierte hacia las calles que lo rodean,
vistosos balcones y miradores, y hacia el interior
galerías de maderas sostenidas por columnas de
hierro –adornadas con rejería- que conforman en todo
el conjunto perimetral unos soportales de
considerable altura.
Tiene cuatro
entradas.
La plaza en principio se denominó como la de
Las Aceñas,
aunque la gente siempre la ha conocido como la
del Mercado o la de
Abastos, pero su nombre oficial es el de
Hermanos Orbón.
El centro de la plaza está ocupado por un edifico
que alberga los puestos de venta.
Los lunes se
celebra el tradicional mercado semanal, uno
de los más concurridos de la región, que fue
instituido hace más de quinientos años por concesión
de los Reyes Católicos, complementado con notables
privilegios comerciales para la ciudad, que había
sido asolada por un gran incendio.
Los soportales de esta plaza hicieron que los
avilesinos llamaran “paseo de invierno”, a buen
resguardo de la lluvia.
Finalizado
en el siglo XVII, su fachada sur es uno de los mejores ejemplos
del barroco asturiano, actualmente está en plena restauración
para albergar La Escuela Superior de Arte y Diseño.
Dada la importancia de este Palacio, le hemos dedicado un
espacio aparte. >>ver
-
Palacio de
Ferrera:
S. XVII y XVIII
El Palacio de Ferrera es un edificio de gran
sobriedad, en el que destaca la irregular planta de
su torre. A la plaza de España se abre su fachada
principal, con balcones adintelados y el escudo de
armas del marqués.
La entrada principal, muy amplia, tiene un firme
empedrado que facilitaba el acceso de carruajes a la
mansión.
Pero lo que le da personalidad al edificio es su
torre en escuadra, una de las más características de
la arquitectura civil asturiana.
De cuatro plantas y coronada por un mirador con
balaustrada de rejería, la torre se orienta hacia la
plaza y se dispara, en ángulo, hacia la iglesia de
San Nicolás de Bari, adosando a su paso la fuente de
los Caños de San Francisco. El interior del palacio
tiene salones de una gran belleza, entre los cuales
destaca la biblioteca, un considerable espacio
rectangular que vierte, en una notable fachada con
galerías, hacia el interior del edificio,
concretamente a un magnífico “jardín francés”.
El palacio ha acogido a personajes de la realeza
española en sus visitas a Avilés:
Alfonso XII, Alfonso
XIII, y no hace mucho a la reina Sofía.
Actualmente es un hotel de 5 estrellas
-
Fuente de los caños de San Francisco:

Es uno de los símbolos emblemáticos de Avilés.
Su situación. Fronteriza con el lateral del Palacio de Ferrera
ya los pies de la Iglesia de San Nicolás de Bari, ayuda a
realzar este original monumento, inaugurado en el siglo XVII.A
finales del siglo XVI comienzan las obras destinadas a
canalizar la traída de aguas hacia Avilés tomando como origen
la zona alta, en los alrededores de la Villa, concretamente en
el sitio conocido como Valparaíso. Anteriormente el agua
bajaba libremente por cauces, lo que no resultaba muy
higiénico, por tanto se acomete la obra de canalizarla. La
labor, que dura siete años dio origen a otras tantas fuentes
de la ciudad, las más destacadas son las de Rivero y San
Francisco.La fuente de Los Caños de San Francisco, es la más
singular de todas ellas. Consta de un frontal de la que surgen
seis cabezas humanas que manan el agua hacia un pilón
rectangular que adopta forma ovalada en su centro. En el
frontal figuran tres escudos: en los laterales dos de Avilés y
en el centro el escudo de armas real.La simetría, y la gracia
de este pequeño monumento refleja un encanto realmente
peculiar.
Antiguo convento de
la comunidad franciscana. Hoy en día es
la parroquia de San Nicolás de Bari.
Conserva signos de la identidad histórica avilesina,
como la pila bautismal:
un capitel corintio,
al que muchos expertos señalan como
uno de los pocos vestigios del dominio del Imperio
Romano en el Avilés primitivo.
Se ha especulado que los padres franciscanos han
aprovechado la existencia de un templo prerrománico
para instalarse en nuestra ciudad (signos como un
fragmento de un cancel prerrománico, actualmente
incrustado en la pared del claustro dan prueba de
ello).
A lo largo de los siglos, el convento sufrió
numerosas modificaciones, y la que se conserva como
auténtico es el pórtico de la fachada norte, de
estilo protogótico. Del siglo
XVII data el claustro,
que incorpora una
sala capitular románica del siglo XIII.
El interior tiene capillas muy interesantes, pero
destaca sobre todo,
el sepulcro de Martín Alas,
finales del siglo XV
y una maravillosa
muestra de la estética hispano-flamenca.
Abre, a través de un
vestíbulo principal, una zona de paso entre el
parque Ferrera y el centro de la ciudad.
Esta ubicación propicia el diseño del edifico
aprovechando la orientación de las salas de lectura
y estanciales hacia la zona verde.
El edificio alberga la
biblioteca “Bances
Candamo”, cuyas dependencias comprenden:
- Sala de lectura para adultos, que abarca un
conjunto de servicios acotados por los siguientes
usos: consulta y referencia, publicaciones,
periódicos, estudio, fonoteca y videoteca
- Sala infantil de lectura
- Servicio de préstamo
Para el desarrollo de actividades culturales la Casa
cuenta con:
- Salón de actos de 677 plazas, aunque susceptible
de ser utilizado con aforos más reducidos
- Sala de conferencias con 108 plazas
- Sala de exposiciones
- Aula de 33 plazas
- Sala de reuniones para sociedades integradas.
Es un
palacio de volúmenes muy bien compensados, de
cargada ornamentación y coronado por una vistosa
torre historicista.
El Ayuntamiento lo adquirió en la década de los
ochenta, para albergar en él la
Escuela Municipal de Música, hoy Conservatorio.
El palacio de Balsera, es un ejemplo de construcción
con que la pujante
burguesía avilesina de principios de siglo,
muy culturalizada estéticamente, levantaba edificios
deslumbrantes en unos casos muy generalmente sujetos
a modelos constructivos a la moda imperante, y en
otros a estilos arquitectónicos históricos.
Hoy, prácticamente han desaparecido los espléndidos
jardines versallescos que completaban la mansión, y
que ocupaban toda la margen derecha de la calle
Julia de la Riva hasta la confluencia con la calle
Cabruñana.
El palacio fue levantado como
morada de
Victoriano Fernández Balsera enriquecido
sobre todo gracias a los beneficios que supuso para
España la neutralidad en la Primera Guerra Mundial.
Fernández Balsera, regentaba una empresa de
“coloniales” (léase importación/exportación), y aún
se pueden ver al inicio de la carretera de San Juan
sus imponentes y bellísimas naves comerciales.
Edificio muy vistoso ha sido recientemente
restaurado, podemos apreciar el resalte de
ornamentación del palacio. En el interior destaca la
elegante escalera, que se abre en forma de uve hacia
la primera planta así como la bóveda de cristal
emplomado. Las azoteas y el mirador de la torre son
un magnífico observatorio sobre la bella e histórica
zona donde está ubicado.
Es una de las más singulares y populares de la ciudad. En
su tránsito peatonal, toda ella está soportalada, en su inicio
y ascenso a la derecha y al culminar la subida, en la zona del
Carbayedo, los soportales se sitúan a la izquierda. Son 212
metros al cubierto.
Fue construida en el siglo XVII, coincidiendo con la expansión
de la ciudad fuera del conjunto amurallado.
El modelo constructivo se basó en lo que ya era tradición en
la ciudad: el soportal, que cobijaba de la lluvia y del sol.
Hay que tener en cuenta que la actividad artesanal era muy
intensa y los lugareños que se dedicaban a estos menesteres,
podían trabajar bajo techado al aire libre, teniendo el
almacén en la planta baja y la vivienda en el piso superior.
Como quiera que era una zona nueva se añadió un elemento, hoy
reconocido como muy singular: las partes traseras de las
viviendas tenían su huerto, y así los moradores disponían de
una buena despensa alimenticia. Este espacio verde también era
aprovechado para cobijar, preferentemente ganado vacuno.
Una característica fundamental de Galiana es el firme de los
soportales: dividida en dos partes, una empedrada para el
tránsito del ganado y otra de loseta para los ciudadanos.
Hay que resaltar las espléndidas balconadas que dan a la
calle, algunas de ellas de época. En la parte final se levanta
la capilla de Jesusín de Galiana.
Se ha singularizado por discurrir por ella el Descenso Fluvial
Internacional, en las fiestas del carnaval (o Antroxu).
-
Casa de Arias de la Noceda:
1883
Aquellos muchachos de Avilés que regresaron enriquecidos
de las Américas, jugaron un papel fundamental en el
progreso.
A pesar de que la singularidad de la calle Galiana le
viene dada por la zona soportalada, hay en la parte
izquierda ascendente de la misma, edificios relevantes
de distinta factura. No en vano fue esa una zona
residencial, hace más de un siglo, claramente enfrentada
–desde el punto de vista social y económico- a la gente
humilde que moraba al otro lado de la calle.
El más llamativo de esos edificios es el de los
Arias de la Noceda.
Se trata de una casa de indiano, con su inconfundible
firma vegetal al lado de la misma: la palmera.
La fachada principal se compone de un cuerpo central y
dos laterales y en ella destacan elementos metálicos de
un tono rococó, por ejemplo la marquesina de hierro y
cristal de la entrada principal.
También son destacables las fachadas laterales y sobre
todo la posterior con una gran galería que da a la zona
ajardinada de la propiedad, fronteriza con el parque de
Ferrera.
Actualmente es sede de
servicios sociales y medioambientales del
ayuntamiento avilesino.
Es
el parque mayor de Avilés a todos los efectos y uno de los más
extensos del Principado. Su superficie se aproxima a los
80.000 metros cuadrados.
La utilización ciudadana de este parque es masiva. Sin lugar a
dudas es el pulmón del centro de la ciudad. Su belleza y
servicios lo hacen uno de los más destacables de Asturias.
Se abre a las 7.00 horas y se cierra a las 23.00.
El parque fue durante siglos el que los sucesivos marqueses de
Ferrera tenían –para su disfrute- en la parte trasera de su
palacio, situado en la plaza de España.
Esta enorme posesión boscosa se vio a mediados de este siglo
completamente abandonada, dado que sus dueños domiciliaron su
residencia fuera de la ciudad, y el parque devino en un
deterioro que lo asemejaba a una selva virgen.
El Ayuntamiento de Avilés, después de laboriosas negociaciones
adquirió la mayor parte del parque como lugar de solaz
ciudadano. Fue el rey Juan Carlos I, quien inauguró el recinto
el 19 de mayo de 1976. La propiedad se reservó la zona verde
más cercana al palacio (el llamado “Jardín Francés” para su
uso particular).
El parque Ferrera de estilo inglés, está dotado de abundante
mobiliario de descanso, también cuenta con servicios como:
zonas señalizadas, y técnicamente dotadas para el ejercicio
deportivo que consiste en un circuito señalizado que incluye
aparatos gimnásticos, de una hemeroteca, de un estanque de
patos, de una completa zona infantil, de un templete musical,
etc...
Tiene cinco entradas por las calles Galiana, Rivero,
Cervantes, del Marqués, y a través del vestíbulo de la Casa
Municipal de Cultura.
Una de las más tradicionales de la ciudad. Es la más
transitada de las antiguas calles, dada su proximidad con
importantes barrios de alta densidad demográfica.
Una calle, con al menos cinco siglos de historia. La primera
mención que se conserva de la misma data de un acta municipal
de 1485: era un arrabal fuera de las murallas de Avilés.
Posteriormente,
en el siglo XVII, se construyeron viviendas hasta convertirla
en una importante calle, ya que era el Camino Real a Oviedo,
que partía de la, entonces naciente, Plaza de España.
Discurría cerca de la riva avilesina, que antes llegaba hasta
las inmediaciones de la calle y cubría gran parte de lo que
ahora es el actual Avilés. De ahí el nombre de Rivero: porque
la calle estaba situada a la ribera de la ría.
Al igual que otras de la ciudad fue zona de artesanos. Una de
las más populares de Avilés, a la que no es ajena la
personalidad de sus vecinos que muestran un orgullo constante
por “su Rivero”.
Es una vía muy concurrida pues es paso obligado de los
habitantes de los barrios del extrarradio hacia el centro de
la ciudad. Al igual que otras calles históricas de Avilés es
zona peatonal, lo que hace el paseo por ella muy agradable.
Igualmente es destacable un precioso rincón, donde se levanta
la antigua capilla del Cristo (reformada en el siglo XIX) y a
su lado, en un espacio semicircular, con bancos de piedra: la
fuente de los Caños de Rivero. A pocos metros de este
conjunto, se encuentra el acceso principal al parque de
Ferrera.
Su final, en el sentido del paseante que lleva ésta guía, se
ve realzado por la mansión de García Pumarino y enfrente de la
misma la casa donde vivió el escritor Armando Palacio Valdés.
Una placa recuerda el hecho.
Fue construido por un indiano avilesino
en el S. XVII
Es justo con el ayuntamiento y el palacio de Ferrera
clave en la formación del espacio urbano que hoy
conocemos como Plaza de España.
Este notable edificio señalaba la salida hacia Grado,
así como abría la salida hacia el Camino Real de Oviedo.
Rodrigo García Pumarino
fue un indiano avilesino que amasó una considerable
fortuna en Perú. Al regresar a su villa natal acomete la
construcción de su vivienda, al inicio de la calle
Rivero y encarga el proyecto al arquitecto local F.
Menéndez Camina (hijo).
Aunque su fachada (lo único que se conserva actualmente)
es más ornamentada, sigue el esquema del ayuntamiento,
que por entonces ya tenía treinta años. Y como no,
incorpora el soportal: con siete arcos hacia la calle, y
ventana sobre cada uno de ellos; los laterales, acogen
un balcón en el piso superior. El interior constaba de
capilla y numerosas habitaciones entre las que destacaba
un enorme salón.
Más tarde la casa fue adquirida por una familia noble:
los Llano Ponte.
Hoy en día, alberga salas cinematográficas que llevan el
nombre de “Marta y María”, título de una novela de
Palacio Valdés quien vivió frente a este edificio
durante años.
El
escritor Armando Palacio Valdés, pasó su niñez en
Avilés, y mantuvo una relación durante toda su vida
con esta ciudad donde nuestras calles y plazas
fueron motivo de inspiración de alguna de sus obras.
Por ello no es extraño el agradecimiento de nuestra
villa hacia su persona, que se manifiesta en
diversos motivos que recuerdan la figura del
prolífico novelista.
La
construcción del teatro comenzó en 1900 (tenía
entonces Avilés doce mil habitantes) y se terminó en
1920, ya que la obra atravesó por diversos avatares
de financiación. El proyecto fue del Arquitecto
Manuel del Busto, muy prolífico en la edificación de
singulares edificios en la ciudad.
Se trata
de un coliseo “a la italiana”, de planta
rectangular, de estilo neobarroco donde se exhiben
motivos escultóricos, alegóricos al teatro: opera,
zarzuela, comedia y drama.
El interior se divide en tres partes: el escenario y
zonas anejas del utillaje y camerinos, sala de
planta de herradura y alzado de varios pisos de
palcos; finalmente los accesos, es decir zonas
sociales y de descanso y cuyo elemento más destacado
es el foyer, un original espacio rectangular cuyos
balcones dan a la fachada principal.
En 1972
por razones económicas cerró sus puertas cayendo en
un estado de lamentable abandono, hasta que y
después de una fuerte campaña popular de
reivindicación, consiguiera su restauración. El
“Palacio Valdés” volvía a ejercer como teatro en
noviembre de 1992.
Es un teatro de siglo XX. Es curioso que
este teatro fue construido cuando Avilés solamente tenía
12000 habitantes. Inaugurado en 1920, cerró sus puertas
en 1972. En 1992 es reinaugurado después de proceder
a su completa restauración. La movilización
de los colectivos ciudadanos fue crucial para su nueva puesta
en marcha.
Diseñado por el arquitecto Manuel
del Busto, presenta una lucida fachada neobarroca. Interiormente
adapta la estructura de teatro "a la italiana":
auditorio con planta de herradura y varios pisos con palcos
y galerías, tiene una capacidad para 750 espectadores
y forma parte de la Red Nacional de Teatros.
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