<%@LANGUAGE="JAVASCRIPT" CODEPAGE="1252"%> El Revistín: Turismo - Paseo por Avilés
 
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Paseo por el casco histórico de AvilÉs
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Avilés una ciudad cargada de Historia

Calles y edificios del casco antiguo de Avilés (que junto con el de Oviedo son los más importantes de Asturias) están declarados Conjunto Histórico Artístico por el Estado español.

La ciudad conserva importantes vestigios del pasado, algunos de ellos realmente notables.

Durante la Edad Media recibió, en el S. XI, por parte del Rey Alfonso VI, un FUERO que le supuso valiosos beneficios sociales y económicos. La Villa se fortificó y comenzó a desarrollar una notable actividad comercial que la convirtió en la segunda población de Asturias. A ello contribuyó, de modo fundamental, la estratégica situación de su abrigado puerto, por entonces y durante siglos, fue el más importante de la región y uno de los más activos del área atlántica de la época. Su proyección comercial llegaba a los mercados de la meseta castellana.

En el siglo XVII, el crecimiento demográfico hace necesario construir fuera de la ciudadela medieval. El primer edificio fue el palacio municipal, y poco después los de Ferrera y Llano Ponte: todo ello dio origen a la actual plaza de España (El Parche, para los avilesinos ) y al nacimiento de las calles de Rivero y Galiana. Es lo que se conoce como el “ensanche barroco”.

A finales del XIX la ciudad recibe un nuevo impulsos : “El ensanche burgués” que da origen – al desecar las marismas- a espacios como el parque del muelle, la Plaza del Mercado… y a espléndidos edificios. Por ese tiempo Avilés fue de las primeras ciudades del norte de España en modernizarse: alumbrado público, tren, teléfono, tranvía, etc.

Hacia la mitad del s. XX se establecieron en Avilés grandes factorías metalúrgicas, que llevaron a quintuplicar su población con la llegada de trabajadores de muchos puntos de España. Este “ensanche industrial” obligó a la construcción de poblados en la periferia de la ciudad y a un vertiginoso crecimiento de su centro urbano. Pero la mayoría de las señas de su pasado lograron sobrevivir a este gigantesco desarrollo.

Estamos en una ciudad atlántica milenaria, recoleta y muy paseable, en la que uno de sus elementos arquitectónicos más singulares – el soportal- siempre nos pondrá a buen resguardo del sol o de la lluvia, para descubrir el arte y la historia que Avilés sigue atesorando.

EL PASEO

El paseo empieza en la Plaza España o Parche, aquí encontramos un triángulo formado por tres edificios El Ayuntamiento, el Palacio del Marqués de Ferrera (hoy convertido en un hotel de cinco estrellas) y la casa de García Pumarino (hoy cines Marta) todas estas construcciones son del siglo XVII y estaban fuera de las murallas que rodeaban Avilés.

El recorrido: Paradas

Plaza de España: Punto de inicio y final de las visitas. En ella confluyen seis calles cinco de ellas son peatonales. La Ferrería, San Francisco- Galiana y Rivero nos remiten directamente a otras épocas.
Las de La Fruta y La Cámara son más comerciales.

Situado en Plaza de España, data delsiglo XVII, Fue el primer edificio noble levantado fuera de la ciudad amurallada, al sur de la misma y significó, desde el punto de vista urbanístico el inicio de un gran avance para Avilés.
El edificio que alberga los consistoriales, está compuesto por dos plantas. La inferior, bajo soportales, se alquilaba para destinarlas a actividades comerciales con una estancia adicional superpuesta.
El primer piso acogía, fundamentalmente, dos grandes salas de reunión y pequeños espacios donde se desarrollaba la actividad municipal. En el siglo XIX se le añade la torre del reloj.
Hoy día el palacio está dedicado íntegramente a labores de orden político administrativo. En su interior son destacables la escalera central, dominada por una vistosa cristalera y el salón de recepciones.
La construcción inmediatamente posterior, de la noble casa de García Pumarino y del palacio del Marqués de Ferrera constituyó el inicio de modernización de la ciudad que veía estrangulado su crecimiento por el recinto amurallado. Este crecimiento urbano es conocido como “el ensanche barroco”.
El ayuntamiento, junto con el palacio de Ferrera y el de Llano Ponte, forma un triángulo que ha dado origen a la plaza de España (El Parche).

  • Calle de la Ferrería:

    La que guarda más vestigios del Avilés medieval, ya que era la principal de las calles de la villa amurallada.
    Pasear por la Ferrería es introducirse en el túnel del tiempo, al que te llevan sus edificios y su conformación urbana, cargada de siglos.
    El Avilés amurallado, de la Edad Media, se componía fundamentalmente de tres calles que configuraban una especie de hache. La de La Ferrería, la de La Fruta (entonces llamada calle Oscura) y la pequeña calle del Sol (o del Pescado, así llamada en la época), que unía a las anteriores.
    La calle de La Ferrería (en su tiempo conocida como Rúa Nueva), arrancaba de una de las principales entradas al recinto amurallado –donde en su día se instaló la llamada Torre del Reloj- y terminaba en otra de las salidas del mismo, la puerta del mar (es decir el entonces puerto de Avilés) a la vera de la Iglesia de los Franciscanos.
    Se trata de una avenida recta que traspasaba de parte a parte la ciudadela medieval.
    Sembrada de soportales, que cambian de lado en el cruce con la calle del Sol, su nombre responde a la actividad artesanal que en ella se desarrollaba: labor de ferrero.
    Como en otras de Avilés, los soportales servían para resguardo del tiempo: lluvia y sol, y a la vez para aprovechar la luz natural para desarrollar el trabajo de los profesionales.
     
  • Palacio de Valdecarzana: S. XIV

También conocido como Casa de las Baragañas.  Se trata del edificio civil más antiguo de Avilés,
Valdecarzana es el más claro vestigio de la arquitectura gótica de la ciudad. Destacan en él las ventanas geminadas de la primera planta que se conservan en perfecto estado.
Es un palacete medieval, que se cree fue residencia de un rico mercader que utilizaba la planta baja como almacén de sus existencias y la alta como residencia familiar. El hecho se fundamenta en que el edifico no adopta carácter defensivo en su construcción, pues no hay que olvidar que la ciudadela medieval estaba amurallada, y ello constituía suficiente garantía de seguridad.
El edificio nos ayuda a comprender como era la arquitectura urbana de la ciudad en aquella época, pues es lógico pensar que hubieses más edificios como éste en el casco histórico que fueron desapareciendo con el tiempo.
La fachada que se conserva intacta es la que da a La Ferrería, y constituye una de las más notables de la arquitectura asturiana. Las otras (que dan a la calle del Sol y a la plaza de Alfonso VI) fueron modificadas a través del tiempo y han perdido su sabor original. El interior del edifico fue reformado en el siglo XIX.

Hay una leyenda sobre Valdecarzana: en ella se dice que se alojó durante varios días el rey de Castilla y León, Pedro I El Cruel, después de haber conquistado Avilés que su hermano Enrique de Trastámara había cercado y tomado por las armas unos meses antes.

Iglesia de los Padres Franciscanos: Es el edificio más antiguo de Avilés, ya que data del siglo XII. Su estructura ha sido objeto de varias reformas. Su factura original responde al estilo románico. Durante siglos fue la parroquia de San Nicolás de Bari.

Es el edificio de Avilés con mayor antigüedad conservado hasta hoy.
Destaca su portada principal, románica donde a pesar del desgaste de la piedra –no olvidemos que la iglesia estaba, en aquella época, al lado del puerto- aun podemos observar algún capitel con representaciones alegóricas. El resto se los ha llevado el salitre del tiempo.
 en su portada central (seis columnas, tres a cada lado),  podemos apreciar algún capitel con representaciones felinas y –el más destacado, el primero de la derecha- la escena del pecado original, donde Eva le ofrece la manzana a Adán.
Posteriormente la iglesia fue suplementada con capillas. Las más destacadas son las de Pedro Solís, a la izquierda, con puerta apuntalada en el exterior y una notable obra en el interior donde se destaca la bóveda, un magnífico rosetón, una hornacina y su puerta de entrada, al estilo de la catedral de Oviedo.
A la derecha, se levantó en el siglo XVIII, la capilla del Cristo, dotada de una pequeña bóveda que culmina en una linterna octogonal que facilita la iluminación diurna.
Esta iglesia alberga en un mausoleo a la izquierda del altar, los restos del almirante avilesino, Pedro Menéndez, fundador de la primer ciudad de los EE.UU de América.
En su testamento dejó dispuesto que su enterramiento fuese aquí.

Una de las más importantes joyas arquitectónicas de Avilés (y de Asturias) medieval, concretamente del siglo XIV, periodo de transición del románico al gótico en la que se tantean nuevas soluciones constructivas.
Su estado de conservación, a pesar de penosos accidentes naturales (terremotos e incendios) y humanos (guerras) es magnífico, sobre todo en la parte exterior.

La familia de Los Alas, poderosos mercaderes medievales avilesinos, quiso levantar una capilla funeraria. Lo hizo en el cementerio de la ciudadela medieval, situado al lado izquierdo de la entonces iglesia San Nicolás de Bari (hoy de los Padres Franciscanos).
Es un pequeño y sobrio edificio de planta cuadrada, de una belleza arquitectónica realmente notable.
Fachada de una planta donde destacan el escudo nobiliario de la familia y una preciosa puerta de entrada, de estilo protogótico, adornada con rostros barbados en unos casos y alados en otros.
El conjunto aparenta una sencillez, en encajes de piedra y tallados, bajo la que se esconde una perfecta obra de arte.
En el interior podemos apreciar dos pares de hornacinas bajo arcosolio, e igualmente lápidas labradas con inscripciones, en el suelo. Destaca la cúpula aquitano-española cuyo centro muestra la efigie de Cristo mirando hacia abajo.
Los cuatro extremos de bajada de la nervadura reposan en las ménsulas. A resaltar, también, la cantidad de adornos en forma de rostros.

Ha sido el parque tradicional de Avilés, desde principios del siglo XX hasta la década de los setenta, cuando entró en servicio el de Ferrera.
Edificado sobre terrenos de marisma, fue uno de los símbolos del crecimiento avilesino entre los siglos XIX y XX. Su extensión es de 14.000 metros cuadrados. A su cuidada labor de jardinería añade notables conjuntos escultóricos.

El parque del Muelle fue uno de los espacios ganados para la ciudad a finales del siglo XIX, lo que hizo desplazar el puerto medieval (situado a la altura del templo de los Franciscanos) hacia lo que es hoy el puerto comercial de Avilés.

Hasta los años setenta era lugar de solaz preferida de los avilesinos para iniciar y mantener relaciones sociales. Los domingos y festivos tenían lugar –al mediodía- conciertos de la banda municipal, y la gente se apiñaba en torno al magnífico templete musical, una verdadera joya –en su género- en Asturias.

El elegante parque del Muelle, de trazo rectangular, tiene unos cuidados jardines y unos bellos soportales vegetales.

Lo que termina de singularizarlo son las estatuas aquí levantadas. Once de ellas están inspiradas en motivos alegóricos de la mitología griega, una de las cuales conforma una preciosa fuente. Llama la atención el monumento a la foca, toda una leyenda en la ciudad.

Finalmente y en el extremo opuesto, a la fuente de entrada, se levanta el conjunto escultórico dedicado al almirante Pedro Menéndez. “El adelantado de la Florida”.

Su edificación respondió a cubrir las necesidades religiosas del único barrio extramuros del Avilés medieval. Finales del siglo XII y principios del XIII
Es un monumento ejemplar, y aunque pequeño, su conjunto compone una delicada armonía de líneas.

Las iglesias, por aquella época comenzaban su construcción por el ábside al objeto de poder consagrar cuanto antes.
Al llevar tanto tiempo las obras (se dice que cerca de setenta años) el templo refleja la influencia de dos estilos: el románico y la transición de este al gótico, es decir el protogótico. La influencia románica se refleja en el ábside semicircular y en la puerta latera. Sin embargo la portada principal es protogótica.
En el interior, la decoración se concentra sobre todo en las portadas, el arco triunfal apuntado y la capilla mayor.
Actualmente se utiliza en contadas ocasiones para actos religiosos. Sí se aprovecha –y es un marco perfecto- par conciertos, exposiciones y actos sociales de relevancia para la ciudad.

Plaza de una gran solera, es el centro neurálgico del barrio de Sabugo, antaño barrio marinero de Avilés por excelencia y situado sobre una pequeña colina fuera de la muralla medieval.
De trazado casi cuadrado, destaca en ella –sobre todo- la histórica iglesia vieja de Sabugo.

La plaza actúa como repartidor del barrio. De ella salen, ya a ella confluyen, la secular calle de Bances Candamo, con aceras soportaladas. Y la calle de La Estación paralela a la anterior. Ambas entroncan más abajo con la de Carreño Miranda.
Durante muchos siglos los habitantes de Sabugo se dedicaron a labores marinera. No solamente faenaban en la mar sino que contaba con carpinteros de ribera que construían las embarcaciones.
En la plaza del Carbayo se centralizaba la vida social del barrio. En la parte meridional de la iglesia estuvo adosado durante siglos un pórtico de madera para resguardo de la gente que allí se reunía.
Todavía hoy se puede ver, a lo largo de esta fachada bancos de piedra unidos al templo y, cerca del ábside una mesa donde se congregaba la Comunidad de Mareantes para trazar planes de pesca entre la que se incluía la caza de ballenas.
Sabugo, estuvo durante siglos, prácticamente separado del casco histórico de Avilés (o La Villa), solamente un estrecho puente paliaba pobremente su aislamiento. Pero las obras efectuadas (siglos XIX y XX) para ganar terreno a la marisma, hizo posible su integración total en la ciudad.

  • Plaza del mercado: Segunda mitad del siglo XIX

La nueva plaza del mercado fue edificada desecando terrenos de marisma, y canalizando subterráneamente el río Tuluergo, que discurría por la calle de La Muralla. Este crecimiento de la ciudad (siglo XIX-XX) es conocido como "el ensanche burgués”.
Este monumental espacio arquitectónico fue construido en la segunda mitad del siglo XIX. De forma rectangular, vierte hacia las calles que lo rodean, vistosos balcones y miradores, y hacia el interior galerías de maderas sostenidas por columnas de hierro –adornadas con rejería- que conforman en todo el conjunto perimetral unos soportales de considerable altura. Tiene cuatro entradas.
La plaza en principio se denominó como la de Las Aceñas, aunque la gente siempre la ha conocido como la del Mercado o la de Abastos, pero su nombre oficial es el de Hermanos Orbón.
El centro de la plaza está ocupado por un edifico que alberga los puestos de venta. Los lunes se celebra el tradicional mercado semanal, uno de los más concurridos de la región, que fue instituido hace más de quinientos años por concesión de los Reyes Católicos, complementado con notables privilegios comerciales para la ciudad, que había sido asolada por un gran incendio.
Los soportales de esta plaza hicieron que los avilesinos llamaran “paseo de invierno”, a buen resguardo de la lluvia.

  • Palacio de Camposagrado:

Finalizado en el siglo XVII, su fachada sur es uno de los mejores ejemplos del barroco asturiano, actualmente está en plena restauración para albergar La Escuela Superior de Arte y Diseño. Dada la importancia de este Palacio, le hemos dedicado un espacio aparte. >>ver

  • Palacio de Ferrera: S. XVII y  XVIII

El Palacio de Ferrera es un edificio de gran sobriedad, en el que destaca la irregular planta de su torre. A la plaza de España se abre su fachada principal, con balcones adintelados y el escudo de armas del marqués.

La entrada principal, muy amplia, tiene un firme empedrado que facilitaba el acceso de carruajes a la mansión.

Pero lo que le da personalidad al edificio es su torre en escuadra, una de las más características de la arquitectura civil asturiana.

De cuatro plantas y coronada por un mirador con balaustrada de rejería, la torre se orienta hacia la plaza y se dispara, en ángulo, hacia la iglesia de San Nicolás de Bari, adosando a su paso la fuente de los Caños de San Francisco. El interior del palacio tiene salones de una gran belleza, entre los cuales destaca la biblioteca, un considerable espacio rectangular que vierte, en una notable fachada con galerías, hacia el interior del edificio, concretamente a un magnífico “jardín francés”.
El palacio ha acogido a personajes de la realeza española en sus visitas a Avilés: Alfonso XII, Alfonso XIII, y no hace mucho a la reina Sofía.

Actualmente es un hotel de 5 estrellas

  • Fuente de los caños de San Francisco:

Es uno de los símbolos emblemáticos de Avilés.
Su situación. Fronteriza con el lateral del Palacio de Ferrera ya los pies de la Iglesia de San Nicolás de Bari, ayuda a realzar este original monumento, inaugurado en el siglo XVII.A finales del siglo XVI comienzan las obras destinadas a canalizar la traída de aguas hacia Avilés tomando como origen la zona alta, en los alrededores de la Villa, concretamente en el sitio conocido como Valparaíso. Anteriormente el agua bajaba libremente por cauces, lo que no resultaba muy higiénico, por tanto se acomete la obra de canalizarla. La labor, que dura siete años dio origen a otras tantas fuentes de la ciudad, las más destacadas son las de Rivero y San Francisco.La fuente de Los Caños de San Francisco, es la más singular de todas ellas. Consta de un frontal de la que surgen seis cabezas humanas que manan el agua hacia un pilón rectangular que adopta forma ovalada en su centro. En el frontal figuran tres escudos: en los laterales dos de Avilés y en el centro el escudo de armas real.La simetría, y la gracia de este pequeño monumento refleja un encanto realmente peculiar.

Antiguo convento de la comunidad franciscana. Hoy en día es la parroquia de San Nicolás de Bari.
Conserva signos de la identidad histórica avilesina, como la pila bautismal: un capitel corintio, al que muchos expertos señalan como uno de los pocos vestigios del dominio del Imperio Romano en el Avilés primitivo.
Se ha especulado que los padres franciscanos han aprovechado la existencia de un templo prerrománico para instalarse en nuestra ciudad (signos como un fragmento de un cancel prerrománico, actualmente incrustado en la pared del claustro dan prueba de ello).
A lo largo de los siglos, el convento sufrió numerosas modificaciones, y la que se conserva como auténtico es el pórtico de la fachada norte, de estilo protogótico. Del siglo XVII data el claustro, que incorpora una sala capitular románica del siglo XIII.
El interior tiene capillas muy interesantes, pero destaca sobre todo, el sepulcro de Martín Alas, finales del siglo XV y una maravillosa muestra de la estética hispano-flamenca.

Abre, a través de un vestíbulo principal, una zona de paso entre el parque Ferrera y el centro de la ciudad.
Esta ubicación propicia el diseño del edifico aprovechando la orientación de las salas de lectura y estanciales hacia la zona verde.
El edificio alberga la biblioteca “Bances Candamo”, cuyas dependencias comprenden:
- Sala de lectura para adultos, que abarca un conjunto de servicios acotados por los siguientes usos: consulta y referencia, publicaciones, periódicos, estudio, fonoteca y videoteca
- Sala infantil de lectura
- Servicio de préstamo
Para el desarrollo de actividades culturales la Casa cuenta con:
- Salón de actos de 677 plazas, aunque susceptible de ser utilizado con aforos más reducidos
- Sala de conferencias con 108 plazas
- Sala de exposiciones
- Aula de 33 plazas
- Sala de reuniones para sociedades integradas.

Es un palacio de volúmenes muy bien compensados, de cargada ornamentación y coronado por una vistosa torre historicista.
El Ayuntamiento lo adquirió en la década de los ochenta, para albergar en él la Escuela Municipal de Música, hoy Conservatorio. El palacio de Balsera, es un ejemplo de construcción con que la pujante burguesía avilesina de principios de siglo, muy culturalizada estéticamente, levantaba edificios deslumbrantes en unos casos muy generalmente sujetos a modelos constructivos a la moda imperante, y en otros a estilos arquitectónicos históricos.
Hoy, prácticamente han desaparecido los espléndidos jardines versallescos que completaban la mansión, y que ocupaban toda la margen derecha de la calle Julia de la Riva hasta la confluencia con la calle Cabruñana.
El palacio fue levantado como morada de Victoriano Fernández Balsera enriquecido sobre todo gracias a los beneficios que supuso para España la neutralidad en la Primera Guerra Mundial.
Fernández Balsera, regentaba una empresa de “coloniales” (léase importación/exportación), y aún se pueden ver al inicio de la carretera de San Juan sus imponentes y bellísimas naves comerciales.
Edificio muy vistoso ha sido recientemente restaurado, podemos apreciar el resalte de ornamentación del palacio. En el interior destaca la elegante escalera, que se abre en forma de uve hacia la primera planta así como la bóveda de cristal emplomado. Las azoteas y el mirador de la torre son un magnífico observatorio sobre la bella e histórica zona donde está ubicado.

Es una de las más singulares y populares de la ciudad. En su tránsito peatonal, toda ella está soportalada, en su inicio y ascenso a la derecha y al culminar la subida, en la zona del Carbayedo, los soportales se sitúan a la izquierda. Son 212 metros al cubierto.
Fue construida en el siglo XVII, coincidiendo con la expansión de la ciudad fuera del conjunto amurallado.
El modelo constructivo se basó en lo que ya era tradición en la ciudad: el soportal, que cobijaba de la lluvia y del sol.
Hay que tener en cuenta que la actividad artesanal era muy intensa y los lugareños que se dedicaban a estos menesteres, podían trabajar bajo techado al aire libre, teniendo el almacén en la planta baja y la vivienda en el piso superior.
Como quiera que era una zona nueva se añadió un elemento, hoy reconocido como muy singular: las partes traseras de las viviendas tenían su huerto, y así los moradores disponían de una buena despensa alimenticia. Este espacio verde también era aprovechado para cobijar, preferentemente ganado vacuno.
Una característica fundamental de Galiana es el firme de los soportales: dividida en dos partes, una empedrada para el tránsito del ganado y otra de loseta para los ciudadanos. Hay que resaltar las espléndidas balconadas que dan a la calle, algunas de ellas de época. En la parte final se levanta la capilla de Jesusín de Galiana.
Se ha singularizado por discurrir por ella el Descenso Fluvial Internacional, en las fiestas del carnaval (o Antroxu).

  • Casa de Arias de la Noceda: 1883

 Aquellos muchachos de Avilés que regresaron enriquecidos de las Américas, jugaron un papel fundamental en el progreso.
A pesar de que la singularidad de la calle Galiana le viene dada por la zona soportalada, hay en la parte izquierda ascendente de la misma, edificios relevantes de distinta factura. No en vano fue esa una zona residencial, hace más de un siglo, claramente enfrentada –desde el punto de vista social y económico- a la gente humilde que moraba al otro lado de la calle.
El más llamativo de esos edificios es el de los Arias de la Noceda. Se trata de una casa de indiano, con su inconfundible firma vegetal al lado de la misma: la palmera.
La fachada principal se compone de un cuerpo central y dos laterales y en ella destacan elementos metálicos de un tono rococó, por ejemplo la marquesina de hierro y cristal de la entrada principal.
También son destacables las fachadas laterales y sobre todo la posterior con una gran galería que da a la zona ajardinada de la propiedad, fronteriza con el parque de Ferrera.
Actualmente es sede de servicios sociales y medioambientales del ayuntamiento avilesino.

Es el parque mayor de Avilés a todos los efectos y uno de los más extensos del Principado. Su superficie se aproxima a los 80.000 metros cuadrados.
La utilización ciudadana de este parque es masiva. Sin lugar a dudas es el pulmón del centro de la ciudad. Su belleza y servicios lo hacen uno de los más destacables de Asturias.
Se abre a las 7.00 horas y se cierra a las 23.00.
El parque fue durante siglos el que los sucesivos marqueses de Ferrera tenían –para su disfrute- en la parte trasera de su palacio, situado en la plaza de España.
Esta enorme posesión boscosa se vio a mediados de este siglo completamente abandonada, dado que sus dueños domiciliaron su residencia fuera de la ciudad, y el parque devino en un deterioro que lo asemejaba a una selva virgen.
El Ayuntamiento de Avilés, después de laboriosas negociaciones adquirió la mayor parte del parque como lugar de solaz ciudadano. Fue el rey Juan Carlos I, quien inauguró el recinto el 19 de mayo de 1976. La propiedad se reservó la zona verde más cercana al palacio (el llamado “Jardín Francés” para su uso particular).
El parque Ferrera de estilo inglés, está dotado de abundante mobiliario de descanso, también cuenta con servicios como: zonas señalizadas, y técnicamente dotadas para el ejercicio deportivo que consiste en un circuito señalizado que incluye aparatos gimnásticos, de una hemeroteca, de un estanque de patos, de una completa zona infantil, de un templete musical, etc...
Tiene cinco entradas por las calles Galiana, Rivero, Cervantes, del Marqués, y a través del vestíbulo de la Casa Municipal de Cultura.

Una de las más tradicionales de la ciudad. Es la más transitada de las antiguas calles, dada su proximidad con importantes barrios de alta densidad demográfica.
Una calle, con al menos cinco siglos de historia. La primera mención que se conserva de la misma data de un acta municipal de 1485: era un arrabal fuera de las murallas de Avilés.

Posteriormente, en el siglo XVII, se construyeron viviendas hasta convertirla en una importante calle, ya que era el Camino Real a Oviedo, que partía de la, entonces naciente, Plaza de España.
Discurría cerca de la riva avilesina, que antes llegaba hasta las inmediaciones de la calle y cubría gran parte de lo que ahora es el actual Avilés. De ahí el nombre de Rivero: porque la calle estaba situada a la ribera de la ría.
Al igual que otras de la ciudad fue zona de artesanos. Una de las más populares de Avilés, a la que no es ajena la personalidad de sus vecinos que muestran un orgullo constante por “su Rivero”.
Es una vía muy concurrida pues es paso obligado de los habitantes de los barrios del extrarradio hacia el centro de la ciudad. Al igual que otras calles históricas de Avilés es zona peatonal, lo que hace el paseo por ella muy agradable.
Igualmente es destacable un precioso rincón, donde se levanta la antigua capilla del Cristo (reformada en el siglo XIX) y a su lado, en un espacio semicircular, con bancos de piedra: la fuente de los Caños de Rivero. A pocos metros de este conjunto, se encuentra el acceso principal al parque de Ferrera.
Su final, en el sentido del paseante que lleva ésta guía, se ve realzado por la mansión de García Pumarino y enfrente de la misma la casa donde vivió el escritor Armando Palacio Valdés. Una placa recuerda el hecho.

  • Casa de García Pumarino o Palacio de Llano Ponte:

Fue construido por un indiano avilesino en el S. XVII
Es justo con el ayuntamiento y el palacio de Ferrera clave en la formación del espacio urbano que hoy conocemos como Plaza de España.
Este notable edificio señalaba la salida hacia Grado, así como abría la salida hacia el Camino Real de Oviedo.
Rodrigo García Pumarino fue un indiano avilesino que amasó una considerable fortuna en Perú. Al regresar a su villa natal acomete la construcción de su vivienda, al inicio de la calle Rivero y encarga el proyecto al arquitecto local F. Menéndez Camina (hijo).
Aunque su fachada (lo único que se conserva actualmente) es más ornamentada, sigue el esquema del ayuntamiento, que por entonces ya tenía treinta años. Y como no, incorpora el soportal: con siete arcos hacia la calle, y ventana sobre cada uno de ellos; los laterales, acogen un balcón en el piso superior. El interior constaba de capilla y numerosas habitaciones entre las que destacaba un enorme salón.
Más tarde la casa fue adquirida por una familia noble: los Llano Ponte.
Hoy en día, alberga salas cinematográficas que llevan el nombre de “Marta y María”, título de una novela de Palacio Valdés quien vivió frente a este edificio durante años.

  • Teatro Palacio Valdés: 1900- 1920.

 El escritor Armando Palacio Valdés, pasó su niñez en Avilés, y mantuvo una relación durante toda su vida con esta ciudad donde nuestras calles y plazas fueron motivo de inspiración de alguna de sus obras. Por ello no es extraño el agradecimiento de nuestra villa hacia su persona, que se manifiesta en diversos motivos que recuerdan la figura del prolífico novelista.

La construcción del teatro comenzó en 1900 (tenía entonces Avilés doce mil habitantes) y se terminó en 1920, ya que la obra atravesó por diversos avatares de financiación. El proyecto fue del Arquitecto Manuel del Busto, muy prolífico en la edificación de singulares edificios en la ciudad.

Se trata de un coliseo “a la italiana”, de planta rectangular, de estilo neobarroco donde se exhiben motivos escultóricos, alegóricos al teatro: opera, zarzuela, comedia y drama.
El interior se divide en tres partes: el escenario y zonas anejas del utillaje y camerinos, sala de planta de herradura y alzado de varios pisos de palcos; finalmente los accesos, es decir zonas sociales y de descanso y cuyo elemento más destacado es el foyer, un original espacio rectangular cuyos balcones dan a la fachada principal.

En 1972 por razones económicas cerró sus puertas cayendo en un estado de lamentable abandono, hasta que y después de una fuerte campaña popular de reivindicación, consiguiera su restauración. El “Palacio Valdés” volvía a ejercer como teatro en noviembre de 1992.
Es un teatro de siglo XX. Es curioso que este teatro fue construido cuando Avilés solamente tenía 12000 habitantes. Inaugurado en 1920, cerró sus puertas en 1972. En 1992 es reinaugurado después de proceder a su completa restauración. La movilización de los colectivos ciudadanos fue crucial para su nueva puesta en marcha.
Diseñado por el arquitecto Manuel del Busto, presenta una lucida fachada neobarroca. Interiormente adapta la estructura de teatro "a la italiana": auditorio con planta de herradura y varios pisos con palcos y galerías, tiene una capacidad para 750 espectadores y forma parte de la Red Nacional de Teatros.

 

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